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Después de la electrizante nota inicial costó varios minutos para que el espíritu volviera a la 'normalidad', si es que se pudiera dar esa definición al estado posterior. El cuerpo se despegó del espaldar y los pies necesitaron pisar fuertemente el suelo. Los pulmones tardaron en dar respuesta y los ojos dejaron de parpadear con la frecuencia de siempre.
Gustavo Dudamel, la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y un coro de 400 voces habían comenzado a abrir Las Siete Puertas de Jerusalén. Frente a ellos, desde alguna butaca de la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, los veía y los escuchaba el reconocido compositor de la obra, Krzysztof Penderecki, quien la había dirigido, en 2006, en el mismo escenario.
Minutos antes el público se levantó a aplaudir la primera parte del concierto en el que el pianista Kirill Gerstein interpretó junto con la orquesta el Concierto para piano y orquesta No 3 en re menor de Sergei Rachmaninoff. Minutos después, Dudamel volvió a levantar la batuta y sus talones del podio. Sonó, entonces, la música de Dios; sonaron las voces de Dios. Durante casi 70 minutos, hasta los ateos creyeron. Una pequeña pantalla traducía algunos de los versículos de los salmos a los que recurrió Penderecki para componer la obra, estrenada en 1997. 'Haré entrar en vosotros el espíritu y resucitareis'. En siete movimientos, siete puertas, siete salmos que dan un mensaje de paz, los músicos dijeron, con sus instrumentos y voces: 'Palabra de Dios'.
'Ha sido la mejor interpretación que jamás he escuchado de esta composición. Toda la orquesta, el gran coro; son grandes músicos que hicieron exactamente lo que yo escribí.
No nos reunimos antes para ver la obra. No hizo falta. Todo lo que hoy vi y escuché fue tal como lo soñé cuando compuse esta obra', dijo el maestro Penderecki, minutos después del concierto.
Dudamel tuvo que girar unos cuantos grados de cuando en cuando para marcar la entrada a algunos de los músicos de la fila de vientos que tocaron desde uno de los balcones. Y debió girar aún más para guiar el solo de trompeta que se ejecutaba detrás de él, desde el balcón central, justo en medio del público. 'Con la ubicación de estos músico se logró la redondez absoluta, fue un efecto perfecto', señaló Pedenrecki, que también alabó las interpretaciones de los seis solistas: las soprano Iwona Hossa e Izabela Klosinska, la contralto Agniesszka Rehlis, el tenor venezolano Idwer Álvarez, el bajo Piotr Nowacki, y el narrador Boris Carmelli.
Dotada de una gran complejidad, con un arreglo coral que llega a dividirse incluso en ocho voces, Las puertas de Jerusalén, fue interpretada por la Schola Cantorum de Venezuela, la Cantoría Alberto Grau, el Orfeón Universitario Simón Bolívar y el coro Cantus Firmus, cuya preparación estuvo a cargo de María Guinand.
El efecto fue tal que las palmas tardaron en arrancar, pero cuando lo hicieron les costó frenar el impulso. Al mismo tiempo que sonaba la prolongada ovación, que duró más de 15 minutos, Dudamel impuso al compositor polaco la medalla tricolor de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, mientras que el coro, a capella, interpretó La Marcha de la Creación.
El Teatro Teresa Carreño fue inaugurado hace 25 años. En 1983, Dudamel estaría dando sus primeros pasos. Ayer dirigió en ese escenario una de las obras más alabadas de la composición contemporánea en un concierto que agotó sus entradas en menos de dos horas y para el que los espectadores hicieron cola desde las 3:00 pm, aun cuando comenzaba a las 5:00 pm. 'Por cosas como estas es que se viene a este teatro. No cabe duda de que este es un escenario para las artes y mientras que sea para eso el público está asegurado', comentaba uno de los primeros de la fila REGRESAR |
| Fecha publicada: 21/04/2008 Fuente: El Nacional Tema: cultura
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