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El destino de Petrobrás es el de convertirse en la nueva Pdvsa del continente. Pero entiéndase bien, en la Pdvsa profesional y competitiva con vocación de ser una empresa líder mundial en el mercado de la energía que una vez fue la estatal venezolana.
La Pdvsa de hoy, altamente politizada, fuertemente endeudada y convertida en mitad empresa productora, mitad programa social ha ido disminuyendo su capacidad productiva a pesar de sus inmensas reservas y está en el dilema de estar opuesta políticamente a su principal cliente: los Estados Unidos de América. Gran parte del capital humano y su know how industrial ha dejado Venezuela después del paro petrolero y a partir de las recientes intervenciones en los convenios con empresas extranjeras.
La realidad de Petrobrás es totalmente contraria. Su situación productiva la hace competir con los grandes del mundo y sus ventas se han duplicado desde el 2004. Su producción acaba de superar el nivel de consumo interno para convertirla en un nuevo, aunque aún incipiente, exportador de crudo. Pero los recientes descubrimientos en el campo de Tupi, podrían proveerle entre 5 y 8 mil millones de barriles, colocando a Brasil el segundo nivel más alto de reservas del continente, después de Venezuela.
Pero a diferencia de Venezuela, Brasil mantiene excelentes relaciones con Estados Unidos y con el resto de los países del continente. En lugar de una creciente deuda –que a Pdvsa le impide mejorar su situación productiva en forma autónoma–, Petrobrás posee un superávit y un plan de inversiones, que en este año alcanzará los US$ 15 mil millones.
Aunque es una empresa estatal, Petrobrás es manejada con el criterio de una corporación privada que compite internamente. Aunque esto no le impide gozar de los privilegios de una empresa pública que resulta favorecida por los movimientos de política exterior de su gobierno. Por ejemplo, la diplomacia tuvo un rol fundamental en proteger los intereses de Petrobrás amenazados por el impulso nacionalista de Evo Morales en Bolivia.
En una conversación con un diplomático brasileño, este explicaba su incomodidad ante la opinión pública venezolana, que en su opinión tiende a juzgar con excesiva dureza el pragmatismo de la relación de Lula da Silva con Hugo Chávez. En su visión, el Presidente brasileño obra por el bien de ambas naciones. Cree que aislar a Chávez sólo afincará más su autoritarismo y dificultará a los países democráticos influir en su agenda política. Pero sobre todo, el gobierno brasileño ha puesto en la balanza la enorme oportunidad para el potencial petrolero de Brasil que es brindada, no sólo por la situación del mercado internacional, sino por la peculiar situación en la que se encuentra Pdvsa.
Si la alianza entre las dos petroleras se profundiza en el área de refinación, muy pronto Brasil podrá aprender y desarrollar la capacidad para refinar casi cualquier crudo, en particular los pesados de la cesta venezolana. El paso siguiente puede ser la adquisición de Citgo por parte de Brasil, lo que le abriría las puertas del mercado estadounidense y aumentaría en más de 30% la capacidad refinadora de Petrobrás.
Así, la estatal brasileña adquirirá el liderazgo en el mercado energético continental que antes parecía reservado a Pdvsa. Ante semejante motivación, es difícil que Lula deje de presentar a su homólogo venezolano como 'un pacificador', así ordene movilizar pelotones a una frontera como si fuesen pizzas. REGRESAR |
| Fecha publicada: 22/04/2008 Fuente: TalCual Tema: petroleo
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