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La tristeza y el luto se muestran frecuentemente en los rostros y ropas de aquellos que hacen vida en las barriadas y calles de Venezuela. Quedando al descubierto que los habitantes de este país ya se han acostumbrado a vivir con la violencia.
Según las estadísticas de la Medicatura Forense, enero de 2008 cerró con 191 homicidios; febrero con 230, marzo con 289 a nivel nacional, y lo que va de mes de abril sólo en Caracas se han registrado el ingreso de 454 cadáveres a la Morgue de Bello Monte. En este renglón aún no podemos hablar de homicidios, sino de muertes violentas, pues hasta ahora no han clasificado los crímenes.
Se desconoce las cifras a nivel nacional, ante una orden emanada del Ministerio del Interior y Justicia, desde hace 4 años, que prohibió a los investigadores de la policía científica, otorgar esa información a los periodistas.
En total, unos 1.179 asesinatos durante esos cuatro meses. Eso equivaldría a nueve personas que mueren violentamente cada día.
Muestra de esta alarmante inseguridad, es que ya, nos parece no importarnos la muerte. Este domingo, mientras los periodistas de sucesos llegaron a la calle del Medio de Antímano, observaron escenas lamentables y dramáticas, a la cual los venezolanos comenzamos a acostumbrarnos peligrosamente. En medio de la acera se encontraba el cadáver de una persona aún no identificada. Presentaba tal vez varios disparos, no se pudieron contar; ya que en el lugar los funcionarios de la policía científica, habían ordenaron colocarle una sábana al cadáver. Al lado izquierdo del fallecido quedó una botella vacía de alcohol, marca 'canelita', estaba llena de sangre, tal vez la usó para defenderse.
Mientras esa escena estaba allí, se visualizó lo que sería una imagen típica de cualquier ciudad. Miles de personas atravesando la calle, caminando por esa misma acera, con niños, con ancianos y nadie parecía darse cuenta de la persona muerta. Algunos apenas voltearon a mirar e indiferentes.
El lente del reportero gráfico Javier Lozano, pudo captar esas imágenes, cuando una señora pasó y ni siquiera sostuvo una expresión de exclamación, de indignación o asombro ante el hecho.
Vale decir que el cadáver quedó a escasos metros de la peluquería Maurivic. La cual fue abierta y hasta el cabello se secaban algunas señoras.
La dueña del negocio, Rosa Quintero, dijo 'esto es normal aquí, cuando llegué a abrir la peluquería ya el cadáver estaba allí. Aquí hay inseguridad, robos, es a cada rato. Carapita y Antímano, no son seguras', aseguró.
Por supuesto no es la primera vez que los reporteros de sucesos ven en esta ciudad imágenes producto de actos delictivos que implican hechos de sangre, podría contarles miles.
El objeto de esta entrada no es narrarles los hechos o las consecuencias de actos delictivos que he presenciado en el transcurso de la vida en la fuente de sucesos en esta ciudad, puesto que son muchos más de los que les mencioné, si a ello le sumo robos o hurtos o balaceras; lo que quiero hacer es llamar la atención de nuevo, sobre cómo los venezolanos nos estamos acostumbrando a la violencia social como algo cotidiano, que empezamos a percibir casi como algo normal o natural, sin impresionarnos frente a ellos y fatalmente resignados a un azar que quizás haga que mañana uno de nosotros seamos la víctima. REGRESAR |
| Fecha publicada: 28/04/2008 Fuente: 2001 Tema: gobierno
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