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'Quiero que le digas a la gente que hicimos la entrevista mientras devoraba un sándwich de pavo', pide Boris Izaguirre antes de estrenar su falaz almuerzo. Y es que al escritor, presentador televisivo y showman venezolano el tiempo se le ha hecho corto en su fugaz tránsito por la capital argentina para promocionar, en la 34ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, su reciente libro, Villa diamante, con el que resultó finalista del Premio Planeta en 2007.
Confiesa estar maravillado por volver a Buenos Aires, ciudad en la que vivió en 1991, y redime el legado de Manuel Puig en su obra. 'La intelectualidad ha sido muy mezquina y malévola con Manuel Puig. Vi lla diamante no esconde su devoción por un territorio tan maravilloso, virgen y tenso como el melodrama. Con este libro Puig ha dejado un heredero'.
Con porte de marinero de velero anclado en el Caribe anglófilo o en la tez italiana del Mediterráneo, este paladín del glamour asegura mordazmente que con Villa diamante pulió su piel de escritor. 'La gente se acerca a saludarme en España o en lugares donde me han visto en televisión y siempre me dicen que tengo una piel bellísima. Aquí también me pasó, así que veo que mi piel de escritor es muy buena'.
Lo cierto es que haber sido finalista del premio Planeta le permitió posicionarse en la narrativa. 'Acabo de hacer una entrevista para televisión con un señor que me dijo: `Me enteré de que usted es una persona famosa’. A lo que le respondí: `No debo ser tan famoso pues usted no sabía que lo soy’.
Pero, en efecto, haber sido finalista del premio Planeta me convirtió en un escritor y demostró que todo lo que hice hasta ahora estuvo enfocado en la escritura. Incluso la presencia televisiva, porque mi labor en Crónicas Marcianas y en Channel Nº 4 ha sido narrar la actualidad. Tener una opinión y una mirada especial sobre eso es una labor intelectual.
Creo que, aunque realmente no me lo haya propuesto, el premio le dio una gran coherencia a todo ese proceso'.
–El contexto histórico venezolano es una constante en su obra. ¿Por qué su recurrente interés por el pasado? –En Azul petróleo estructuré una historia que parte en 1957 y termina en 1997. Aquí también quise contar una historia con esa solidez épica, aunque arranca en 1935 y culmina en 1989, dos años importantes para el país: en el primero falleció Gómez y en el segundo murió la idea democrática con El Caracazo. No podría haber traído esta novela hasta los sucesos que han pasado a partir de 1992 porque no existe la distancia suficiente para verlo bien. Luego, tuve que conciliar la idea de una historia romántica de dos hermanas que se enamoran del mismo hombre, como un homenaje a La calle del delfín verde, pero sin evidentemente utilizarla. Una de mis hermanas iba a ser bella y la otra fea. Y el resto vino todo corrido. Me pasé 18 años escribiendo este libro.
–¿Por qué consideró el glamour caraqueño y obvió la represión y torturas que comprendieron la dictadura perezjimenista?
–En Villa diamante el glamour se está construyendo durante una dictadura militar profundamente mediocre y torpe. Nadie nunca ha descrito cómo se comportó la oligarquía nacional durante ese tiempo, y estaban allí. Lo estaban viviendo igual que esos torturados, estaban siendo cómplices. Ésa es la historia que me gustaba narrar, desde la óptica que me gustaba narrar.
Por eso me entusiasma mucho pensar cómo será la reacción a este libro en Caracas.
–Esta novela ha sido definida en España como un paralelismo a la actual situación política del país. ¿Cómo reacciona ante este parangón? –Chávez y yo hemos tenido carreras televisivas paralelas.
Él está más presente en mis entrevistas que yo en las de él, pero ésa es la diferencia: yo soy un votante, él es el Presidente.
Dejo en mi lector la libertad de que establezca el paralelismo que quiera con el dictador Pérez Jiménez, que yo utilizo como tal, y los elementos que puedan encontrar con el líder de la revolución bolivariana.
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| Fecha publicada: 28/04/2008 Fuente: El Nacional Tema: entretenimiento
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