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La semana próxima, se reunirán en Ginebra peritos de todo el mundo para tratar el rol de la propiedad intelectual en los esfuerzos tendientes a llevar medicamentos al alcance de los pobres del mundo. La Organización Mundial de la Salud patrocina esta conferencia; sus recomendaciones tendrán un impacto profundo sobre la forma en que los países en desarrollo enfrentan las enfermedades.
En particular, la conferencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), determinará si las 'licencias obligatorias', se han de aplicar en forma más amplias. Las licencias obligatorias permiten que los gobiernos 'típicamente de países pobres' , infrinjan patentes farmacéuticas, en casos de crisis en la salud pública, para producir localmente medicamentos copiados. Muchos de los participantes ya han expresado su apoyo por un mayor uso de las licencias obligatorias, alegando que las patentes inflan el precio de los medicamentos y restringen el acceso de los pacientes pobres a tratamientos que pueden salvar vidas.
Se trata de un razonamiento al revés. Los hechos demuestran que las licencias obligatorias contribuyen muy poco a la lucha contra las enfermedades. Por el contrario proporcionan amparo legal a los plutócratas que traman acumular poder y recursos.
Consideremos el caso de Tailandia. El mes pasado, el ministro de Salud Pública de Tailandia, anunció que continuaría con el programa de licencias obligatorias impuesto en el país, infringiendo patentes correspondientes a una serie de medicamentos de primera línea contra el cáncer y el SIDA y permitiendo que la Organización Farmacéutica Gubernamental, administrada por el estado, fabrique versiones genéricas de los mismos.
El ministro de Salud Pública se convirtió rápidamente en el ídolo de varias organizaciones activistas en el campo de la salud pública, entre otras Medicinas sans Frontières y Oxfam Internacional, que estarán representadas en Ginebra este fin de semana.
Pero las patentes no son causa de que los pobres no tengan acceso a medicamentos. Tampoco lo son los precios. En efecto, el gobierno de Tailandia ha rechazado repetidamente ofertas de firmas farmacéuticas del Occidente, que podrían haber proporcionado muchos de los medicamentos a precios de grandes descuentos.
El verdadero motivo es que el gobierno de Tailandia tiene otras prioridades. El país gasta menos que la mayoría de las naciones asiáticas (apenas un 3,2 por ciento del producto interior bruto (PIB) en salud pública. No obstante, el año pasado aumentó su presupuesto militar en US$ 100,1 millones.
Si la conferencia de la OMS recomendara que otros países sigan el ejemplo de Tailandia, el efecto sobre la producción de medicamentos nuevos sería desastroso. Las patentes protegen la inversión de los fabricantes de medicamentos, permitiéndoles que recuperen los costos, estimados en US$ 800 millones, involucrados en el desarrollo de un medicamento promedio hasta llevarlo al mercado. Si se permite que los gobiernos locales infrinjan patentes a su opción y reduzcan impunemente los ingresos, las empresas farmacéuticas dejarán de invertir en el desarrollo de tratamientos específicos para enfermedades típicas del tercer mundo.
Peor aún, el anuncio señala que Tailandia considera abandonar el régimen de derechos de propiedad e inversión extranjera que contribuyó a su reciente crecimiento económico, inclinándose a favor de la tendencia anti-mercado promovida por Castro y Chávez.
Como era de esperar, la nueva alianza activista de Tailandia ya provocó una violenta reacción internacional. Muchos países están considerando la posibilidad de retirarle a Tailandia determinadas ventajas comerciales, ayuda extranjera y revocar su condición de aliado no perteneciente a la OTAN. Los países que sigan la postura de Tailandia se enfrentarán con una reacción similar.
Abbott colaboró con la OMS, el año pasado, reduciendo considerablemente en más de cuarenta países, Tailandia inclusive, el precio de Kaletra, un medicamento avanzado para el tratamiento del SIDA. Merck siguió rápidamente el ejemplo de Abbott, reduciendo el precio de su medicamento para el tratamiento del SIDA, Efavirenz. Merck, GlaxoSmithKline y Pfizer por su parte acaban de donar medicamentos por valor de US$ 450 millones para luchar contra la oncocerosis, las lombrices intestinales y la elefantiasis en Burkina Faso.
Asimismo, la OMS debería promover la eliminación de los impuestos sobre medicamentos que pueden salvar vidas en los distintos países. Brasil impone una tarifa del 30 por ciento sobre todos los medicamentos importados.
Estas actuaciones contribuirían a la distribución de medicamentos baratos a los pacientes pobres, sin poner en peligro la innovación en el campo farmacéutico.
Acogerse a las protecciones de la propiedad intelectual es de interés para todos los países. El movimiento anti-patentes solo conduciría a reputaciones dañadas, reduciría a los medicamentos que pueden salvar vidas y llenaría los bolsillos de políticos poderosos. Esperemos que los huéspedes de Ginebra cambien de idea.
El Dr. Martin Krause es profesor titular de Economía Institucional y Políticas Públicas y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Ciima-Eseade). Asimismo, es profesor titular de Economía y Derecho en la Universidad de Buenos Aires. REGRESAR |
| Fecha publicada: 29/04/2008 Fuente: 2001 Tema: economia
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