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| El apagón (en la Corporación Eléctrica Nacional) que el martes 29 de abril dejó sin energía (“luz”) a casi el 50 % de Venezuela (principalmente las regiones central y occidental), es apenas la continuación de otras ya muy recurrentes “averías” (especialmente en el sector petrolero, desde el despido masivo de más de 20.000 trabajadores de PDVSA en 2003, como es el caso –el más reciente- de la refinería Amuay, fuera de servicio actualmente) que desde hace varios años vienen sucediéndose en el gobierno de Hugo Chávez por causa tanto de impericia (personal no idóneo ni preparado para el cargo) como de falta de mantenimiento (especialmente en vías, canalizaciones y redes eléctricas) y no en pocos casos por mala administración, carencia y/o desvío de fondos (la Reserva Nacional –con 150 mil personas, no todos participantes pero sí cobrando- tiene en la actualidad 49 batallones y el Estado ha invertido US$6.473.500.000 en compra de armamento, preparándose para una guerra que no existe mientras en el país sí existen innumerables problemas sin resolver). La inflación arrasará El tsunami económico ya ha comenzado y la principal alerta se enciende en PDVSA con 1 millón de barriles diarios menos que los que le indica la OPEP, una baja en sus exportaciones de crudos a EE.UU., (927.000 barriles para el cierre de marzo, según la EIA de ese país) y el reclamo abierto (público) sobre “cómo es que, en tiempos en que los precios del petróleo remontan los 100 dólares el barril, por qué el año pasado el endeudamiento de PDVSA casi se quintuplicó, al pasar de 2.262 millones a US$13.129 millones” (cuando por concepto de regalía e ISLR entregó al fisco US$26.088 millones, además de US$14.099 millones de “gasto social”). Las otras alarmas sonando fuertemente son la solapada eliminación sistemática (con controles, regulaciones, impuestos, leyes, confiscaciones y expropiaciones) de la empresa privada (y la propiedad), más el presunto plan de desmantelar a CADIVI en corto plazo (¿5 meses?) para reemplazarlo por un sistema regular de emisión de bonos que tendría a las casas de bolsa como epicentros del sistema (serían las encargadas de entregar las divisas). Al terminar de sobrepasar los diques (las primas de los seguros han aumentado hasta 37,90 %, el pollo –antaño la opción ante la carne- fue ajustado en 84,8 %, y el precio del maíz en grano incrementado en 30 %, entre otras liberaciones de controles), ocurrirá lo que más temen Fedecámaras y la CTV: Que la inflación arrasará con todo y diluirá cualquier esfuerzo. REGRESAR |
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