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En agosto del año pasado, la revista América Economía publicaba un ranking en el cual empresarios y viajeros consultados escogían las mejores ciudades del hemisferio en materia de servicios, seguridad personal y oportunidades para hacer negocios. Un listado que encabezaba Buenos Aires y que tenía a Caracas en un vergonzoso penúltimo lugar.
Detrás de La Paz y de Asunción.
Casi un año antes, preso de un ataque de brutal candidez que en ocasiones le es característico, el alcalde de Sucre, José Vicente Rangel Avalos, me manifestaba en una entrevista 'no tener la menor idea' de lo que habían hecho ciudades como Bogotá o Lima para experimentar la espectacular reconversión urbana que tuvieron hace unos años.
En su discurso, Rangel Avalos aceptaba que el proyecto de la Alcaldía Mayor gestado en la Constituyente de 1999 tenía un pecado original que la hace inviable como escritorio administrativo. El mantenimiento de plazas, semáforos y vías, la recolección de basura y el control de la buhonería son atributos de las alcaldías municipales. Cada uno de los candidatos a alcalde de entonces, comenzando por él mismo, haló la brasa para su sardina con el objeto de tener cosas sobre las cuales disponer.
La Alcaldía Mayor es un ente metafísico.
En virtud de lo anterior, el alcalde Metropolitano, Juan Barreto, se ha pasado cuatro años anunciando por la prensa obras de gobierno imaginarias: una torre para buhoneros en la Gran Avenida de Sabana Grande; un paseo aéreo desde el Parque Los Caobos hacia la Plaza Venezuela; un centro de desarrollo endógeno para el edificio Los Andes; unos conjuntos residenciales en los campos de golf del Country Club y unos globos aerostáticos creados para controlar la delincuencia de cuyo paradero final no se supo más nada.
Cuatro años no demasiado distintos a los de su predecesor, Alfredo Peña: pontificar sobre la necesidad de 'organizar a las comunidades' y 'promover soluciones conjuntas' atado de manos al frente de una institución que es un autentico jarrón chino. Aunque se acuda al artificio del autogobierno y se proclame cada tres días una comuna nueva, en seguridad ciudadana, invasiones, salud pública, transporte, basura, tráfico y caos urbano, la nota de la Alcaldía Mayor es la misma de siempre: cero uno.
Barreto se defiende y ofrece cuentas: una obra cada quince minutos, o cosa parecida. Argumenta sobre las atribuciones del Gobierno central y la importancia de las obras de carácter intermedio –canchas deportivas y ambulatorios, entre otros– que su despacho lleva adelante en zonas populares. Puede que sea cierto. Cuando lo hemos visto por televisión hablando del tema casi termina diciendo lo que acá estamos afirmando: la ciudad no está gobernada con visión de conjunto; la suya es una instancia que solo administra políticas y articula proyectos.
Lo escucha uno acudiendo al inteligente ardid de las 'obras de carácter intermedio' pontificando sobre la necesidad de 'articular políticas' y no puede dejar de pensar en aquella tarde en la cual sentó a Henrique Capriles y Leopoldo López para bañarlos de insultos frente a una jauría de sus copartidarios.
Las cosas en Caracas, en Sabana Grande y el centro, han mejorado un poco en los últimos meses, concedamos. La orden parece que vino de Miraflores. Todo lo cual no podrá ocultar, sin embargo, el monumental fracaso del proyecto chavista en el tratamiento de los problemas urbanos, especialmente los capitalinos.
El problema nació en 1999. No es un asunto de nombres. Es un problema de proyectos. REGRESAR |
| Fecha publicada: 02/05/2008 Fuente: TalCual Tema: bienes
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