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¿Cuántos caraqueños saben que Simón Bolívar tenía una amplia y hermosa casa de campo en Santa Rosalía que se convirtió en museo hace casi cincuenta años? A juzgar por el público que la visita diariamente (unas veinte personas) habría que responder que muy pocos.
¿Y cuántos han ido a El Calvario, que fue el principal parque de la ciudad en el siglo XIX y que hoy, a pesar del brutal abandono en que está sumido, continúa exhibiendo al visitante su majestuosidad arquitectónica? Tampoco muchos: El Calvario debe ser el parque menos visitado de la capital.
Los ejemplos pueden seguir: la casa de campo que Guzmán Blanco tenía en Antímano (al que él llamaba 'la pequeña Versalles') fue restaurada en 2004 y hoy puede ser visitada libremente, pero a ese lugar no va nadie, ni siquiera los que viven allí; la hacienda La Vega, una isla de historia en medio de La Vega, sólo es visitada por quienes allí han celebrado alguna fiesta; el jardín botánico es también muy poco frecuentado a pesar de su interés recreacional, y de los usuarios que acuden al parque Nacional El Ávila menos del cinco por ciento conoce sus paisajes más imponentes, pues son pocos los que se atreven a ir más allá de Sabas Nieves, el cortafuegos o Los Venados.
Para Hannia Gómez, presidenta de Fundamemoria, la ciudad está muy atrasada en la gestión del patrimonio, y por eso cuenta con todos estos lugares que son desconocidos a pesar de que tienen un gran valor histórico, arquitectónico o recreacional: 'Tú vas a un castillo en Francia y te encuentras cosas que hacer, actividades, una tienda con recuerdos del lugar, todo está asociados al turismo. Aquí no divulgan ni un planito. Uno visita la página de internet de Fundapatrimonio o la que hoy tiene el Instituto del Patrimonio Cultural y no se entera de nada. Son de quinta categoría'.
William Niño, crítico de la ciudad, piensa que la inmovilidad está matando a los ciudadanos, que se han limitado a los centros comerciales: 'Es una ciudad para la contingencia y no para el placer, con un Metro colapsado y sin sistema de transporte'.
No hay información, no hay transporte ni donde estacionar. Encima de eso, en la entrada al parque El Calvario hay 7 contenedores de basura desbordados y la casa de campo de Bolívar huele a pipí de gato. Así es difícil ganarse el interés de nadie. REGRESAR |
| Fecha publicada: 11/05/2008 Fuente: El Universal Tema: cultura
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