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La capital venezolana tiene una relación de amor y odio con El Metro de Caracas. Cuando deja de funcionar la ciudad colapsa y no hay habitante que no sufra el colapso que genera en la superficie.
Pero a diario, tampoco hay usuario que no padezca a diario el calor, la falta de espacio y los retrasos del subterráneo.
Las estaciones de la primera línea presentan fallas diversas, como por ejemplo la parálisis de 22 escaleras de 159, es decir 13,8 % del total, lo cual se pudo constatar en una investigación realizada por el equipo de Tal Cual la semana pasada.
Según la Oficina de prensa del Metro de Caracas, cinco mil millones de dólares están siendo invertidos para reparar todas las escaleras eléctricas del sistema. En una primera fase, los trabajos se ocuparán del tramo Propatria - Chacaíto, mientras que para las escaleras de la estación Chacao se destinarán un millón de dólares.
'Entre 60% y 70% de las fallas y paralizaciones ocurren por el mal uso que le otorgan los usuarios', señala el Metro, por lo cual solicitan colaboración para mantener las escaleras en funcionamiento.
Por otra parte, se pudo observar que la venta de boletos por medio de las máquinas funciona a medias en la línea uno, puesto que de 252 máquinas disponibles sólo funcionan 121, lo cual representa 48 % de operatividad de la boletería automática, que es la única opción frente a las largas colas que se hacen en las taquillas durante las horas pico.
Estos problemas ocurren en la línea más antigua del metro, que comenzó a operar el 2 enero de 1983 desde Propatria hasta La Hoyada, luego en marzo de ese mismo año sumó el tramo La HoyadaChacaíto, y en los años siguientes continuó la expansión hasta finalizar sus 20,36 kilómetros con el tramo Los Dos CaminosPalo Verde, inaugurado en 1989.
De las 22 estaciones de la línea uno, hay casos críticos como el de Petare que además de polvo en las paredes y boletos abandonados en el suelo, tiene problemas de seguridad que se advierten por medio de los micrófonos. 'Resguarden sus pertenencias porque se han detectado carteristas en el sistema', puede escucharse en los andenes de esta estación.
EMPUJONES A DIARIO
Para movilizarse en el transporte subterráneo se debe aceptar que la transpiración y el calor abundante se hagan presentes. La falta de aire acondicionado es lo peor del sistema, según la usuaria Derismal Reyes, quien se dedica al alquiler de teléfonos en las calles.
'Hay días buenos y hay días malos, el calor a veces es insoportable, pero que se va a hacer si el Metro es lo más rápido que hay'.
Otra escena común es ver a muchas personas apretadas en los andenes o en los vagones, sobre todo en las horas pico. Mercedes Pérez, habitante de Petare, se queja de los apretujones en los vagones sobre todo cuando estaba embarazada. 'A las 7 de la mañana y a las 5 y 6 de la tarde el Metro no sirve', asegura. Sin embargo, le parece bueno el servicio visto en un plano general.
'Hay muchas quejas, pero qué vamos a hacer si el Metro es lo más rápido', sostiene Andreína Mujica, de 30 años, quien cree que la mayoría de las veces los operadores no tratan bien a los usuarios y que las fallas eléctricas que producen retrasos causan molestia colectiva.
Así como hay críticas, también hay opiniones muy favorables al sistema, como es el caso de Richard Afanador, estudiante de 20 años, que no tiene ninguna crítica al transporte subterráneo porque para él funciona de forma eficiente y rápida. Igualmente, a María Zambrano, de 75 años, le parece excelente el servicio, porque ella siempre llega a tiempo.
ANTES NO SE VEÍA
Más allá del calor y la falta de espacio, hay nuevos problemas como la suciedad que antes no se veía en ninguna parte del sistema. Alberto Scott, de 65 años, cree que esta situación es culpa principalmente de los usuarios, que no colaboran con la limpieza al tirar en cualquier parte los boletos que ahora se utilizan solo para el ingreso, como se observa particularmente en estaciones como Petare y Plaza Sucre.
Leidy Rodríguez, personal de mantenimiento del Metro de Caracas, asegura que los usuarios reclaman la suciedad y otras fallas, aun cuando son ellos mismos quienes no colaboran con el sistema.
'Corren en las escaleras eléctricas, escupen en el piso, pegan chicles en las paredes, botan los tickets en todos lados y si se les llama la atención se burlan de uno', asevera Rodríguez. En su día a día, ha observado como en ocasiones los usuarios se molestan cuando el personal de limpieza se dispone a encerar el piso, sacar la basura de las papeleras o limpiar lo vidrios de la estación. REGRESAR |
| Fecha publicada: 12/05/2008 Fuente: TalCual Tema: transporte
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