| Se está presentando un desabastecimiento de flores de Bach, porque varios banqueros deben aplicarse sobredosis diarias cuando ven los análisis de los balances en éste diario. ¿Y cuál es el problema de analizarlos? lo que sucede es que toda la vida estaban acostumbrados a publicarlos antes del 15 del mes siguiente como lo estipulan las reglas, porque nadie se ocupaba ni siquiera de leerlos. Parecía que la obligación era solamente publicarlos. Sin embargo, lo importante es que los verdaderos dueños de los bancos son el público y justamente los más afectados de sucederse una desquiciada nacionalización de la banca, porque los accionistas son los que menos se perjudicarían. Increíble, pero cierto, así es. ¿A quién afectaría la nacionalización de la banca? El capital de todo el sistema bancario alcanzó al mes de marzo la cantidad de Bs.F 229.503 millones, de los cuales los accionistas pusieron Bs.F 19.634 millones, que es tan solo el 8% del total, el restante 92% es de terceros. Más dinero que ellos situaron las entidades oficiales que depositaron Bs.F 33.757 millones (15%). Otros financiamientos que obtuvo la banca llegaron a Bs.F 30.337 millones (13%) e insólitamente es el propio público con su depósitos por Bs.F 145.776 millones, el que apoya en 64% el sistema bancario y serían realmente los mayores perjudicados con esa absurda medida, que se pasea por las mentes de algunos filósofos del socialismo del cuaternario. ¿Para qué más nacionalización? Ahora bien, de ese monto por Bs.F 229.503 millones, Bs.F 45.125 millones se encuentran en el Banco Central de Venezuela como encajes sin ganar nada. En Bonos del Estado los bancos invirtieron Bs.F 34.173 millones y en gavetas obligatorias se encontraban Bs.F 35.769, lo que representa el 50% de la banca. De hecho ya la banca para trabajar cuenta con una sola mano, la otra la tiene amarrada. Sin contar con las tasas y comisiones reguladas. ¿Entonces por qué se molestan algunos banqueros? Entonces por qué se irritan algunos banqueros, si ni siquiera son los verdaderos dolientes. Sencillamente porque no quieren perder ésta prebenda que los han hecho multimillonarios. Además, por supuesto que no les interesa que la gente se entere de la verdadera situación de los bancos, que ha sido la tradición en Venezuela, y menos mal que en otros países a raíz de las crisis bancarias, ya el público, los gobiernos y los medios investigan y sancionan rápida y despiadadamente a los bancos y banqueros, que han afectado al público. Ya que en la mayoría de las crisis bancarias sus orígenes provienen de malas prácticas, fraudes, balances falsos, malos créditos, lavado y corrupción. Tampoco les interesa a los pseudos banqueros, que les indaguen el origen de sus fortunas habidas en el banco, que no provienen precisamente de sus salarios. En el mundo es común la corrupción de los altos ejecutivos bancarios y ¿por qué no decirlo?, también en Venezuela. Que generalmente se han originado del cobro de comisiones en el otorgamiento de los créditos, participaciones en las compañías a cambio de la aprobación del crédito, cobro de comisiones en las compras, participaciones en las construcciones de las oficinas. Es común el esconder los fraudes internos para no causar escándalos públicos, cuando un gran porcentaje de gerentes también cobran comisiones por la aprobación de los créditos o son socios de los clientes, si lo hacen los jefes, ¿por qué no ellos? Generalmente los sindicatos de trabajadores son patronales, sin que sus dirigentes se avergüencen de darse la gran vida y tener bienes por encima de sus posibilidades, el trabajador que se oponga lo botan. En el mundo es habitual el pago a los partidos políticos, los créditos a los funcionarios públicos a pérdida, las tarjetas de crédito de cortesía, los lobbystas que cobran bajo la nómina secreta, frecuentemente ex funcionarios públicos de las finanzas, analistas financieros y políticos, el pago de comisiones por los depósitos de las entidades oficiales. Las ganancias que reflejan los balances, son solamente para el impuesto sobre la renta, las grandes ganancias de los bancos y de los banqueros provienen de adentro. Por eso es que los banqueros amanecen más pendientes de ver si salen sus bancos en los diarios, que las noticias sobre la economía venezolana, esto es para ellos secundario. Por eso es que no les interesa que se analicen seriamente sus balances mensuales. Ninguno de esos, pudiera justificar sus elevadas fortunas aquí y en el extranjero. Los lavados de cara Las entidades financieras y bancarias son cada día más protagonistas de la vida social. Pero no principalmente por su contribución a la financiación de las actividades económicas que crean riqueza y bienestar social. Por ejemplo, los dos grandes bancos españoles han hecho ostentación de su inmenso poder patrocinando y poniendo nombre a algunas de las competiciones deportivas más importantes, como la copa americana de fútbol “Copa Santander Libertadores”, o la española “Segunda División BBVA de Fútbol Profesional”. Aparte de anunciar en la mayoría de portales y medios de comunicación como presión para acallar cualquier denuncia. Se trata de un lavado de cara que no es casual que se produzca cuando aumentan las críticas, denuncias y pruebas de su actividad corrupta e incluso directamente delictiva. La compra de voluntades políticas, el blanqueo de dinero, las cuentas secretas o el financiamiento de empresas contaminantes y de armamento son sólo algunas de las acusaciones que recaen continuamente sobre las entidades bancarias y financieras más conocidas. Quieren aparentar que son generosas y ejemplos de mecenazgo desinteresado pero, en realidad, lo que buscan es solamente ganar más y más y más dinero a cuenta de lo que sea. Por eso están implicadas también en una soterrada lucha para lograr quedarse con fondos sociales ahora bajo control público como los de las pensiones, o para introducirse torticeramente en la vida académica para quedarse con la rentabilísima gestión de los ingresos de las universidades, de los de sus estudiantes y profesores. La crisis hipotecaria En las últimas semanas se ha podido comprobar una vez más cómo las entidades financieras han estado en el origen de la última crisis hipotecaria, provocando una situación de debilidad e inestabilidad que con toda seguridad no ha acabado y que terminará afectando al conjunto de las economías y de la actividad económica. Todo ello es la consecuencia directa de dos factores. Por un lado, del carácter parasitario y pernicioso que han adquirido las instituciones financieras, cuando no quedan sometidas a otra lógica o estrategia distinta al afán de lucro. Y por otro, a la cada vez más evidente y peligrosa falta de controles institucionales que pudieran impedir las actividades inmorales, despilfarradoras o simplemente ilegales que vienen realizando continuamente en la casi total impunidad. La cómplice indiferencia Ante este grave proceso, los bancos centrales se han limitado a mirar hacia otro lado, en un vergonzoso y cómplice ejercicio de irresponsabilidad. Apenas si se han dado modestísimos pasos aparentemente dirigidos al fomento de la transparencia y de la llamada “responsabilidad social de las empresas”, que la realidad ha demostrado insuficientes, cuando no totalmente inútiles. En lugar de apagar fuegos y evitar que se produzcan, las autoridades monetarias y financieras los avivan por su complicidad e inoperancia. En lugar de advertir, denunciar y controlar, mantienen un silencio doloso orientado a salvaguardar los intereses de los grandes poseedores de recursos financieros. De hecho, es ya verdaderamente vergonzosa la forma en que ocultan a los ciudadanos lo que está pasando, el peligro financiero que suponen los balances artificialmente hinchados de los bancos, su solvencia amenazada, sus cuentas que no cuadran sino por medio de artificios contables... Y, sobre todo, la inutilidad social de sus operaciones financieras, cada vez más lejos de la economía real y de las necesidades efectivas de las empresas y los consumidores. A lo que le más le temen Hoy día es ya una urgencia impostergable proponer y adoptar medidas contra el desorden financiero y contra la conversión de las finanzas en un gran y corrupto casino global. Hay que redefinir la fiscalidad actual, estableciendo tasas a las transacciones financieras, e implantar controles mucho más estrictos a los movimientos de capital. Es urgente que los gobiernos recuperen el terreno perdido en cuestión de poder y capacidad de decisión económicas. Es imprescindible democratizar las decisiones económicas. La vergonzosa y criminal existencia de paraísos fiscales, donde los controles de los capitales son exiguos o nulos, resulta imprescindible para que las entidades puedan legalizar dinero procedente de actividades ilegales e incluso criminales. Por eso, su supresión debería ser un objetivo prioritario para los gobiernos y las organizaciones internacionales que de verdad defiendan un mínimo de legalidad y moralidad en la economía mundial. Paraísos fiscales y secreto bancario Dinero de todo tipo, procedente de fortunas privadas, empresas, multinacionales, de actividades tanto legales como ilegales (narcotráfico, terrorismo, etc.) encuentra su mejor refugio en los territorios donde no hacen incómodas preguntas ni establecen ningún gravamen, es decir, en los llamados paraísos fiscales. Lo de menos es contribuir a los gastos sociales necesarios para crear o mejorar los servicios públicos (educación, sanidad, vivienda...) que benefician al conjunto de la población. Según los cálculos más prudentes, aunque dif ciles de verificar en un ámbito regido por la ley del silencio, la cifra de negocios a escala mundial del dinero procedente de actividades ilícitas de las diferentes organizaciones criminales, el producto criminal bruto, no es inferior a los 1.200.000 millones de dólares anuales, es decir, el 15% de comercio mundial. Los principales Este dinero criminal busca su refugio en los llamados paraísos fiscales, aprovechando los coladeros que las diferentes legislaciones nacionales permiten. Estos paraísos fiscales existen también en Europa: Isla de Man, Isla de Jersey, Principado de Andorra, Gibraltar, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, San Marino, Malta y Chipre. En ellos rige el secreto bancario y una política fiscal de nula o muy débil tributación sobre los rendimientos de las actividades financieras; además, no permiten la cooperación en el plano jurídico, especialmente en lo que se refiere al intercambio de información con otros países. Se estima que la cantidad de dinero depositada en los paraísos fiscales asciende a más de 5 billones de dólares, y que en ellos hay registradas más de 2,4 millones de sociedades-tapadera, que favorecen la corrupción de grandes empresas que se sirven de ellas para ocultar su contabilidad y balances. Todo esto contribuye a incrementar la desigualdad entre unos países y otros y entre los ciudadanos de cada país, de forma que junto a fortunas incalculables, que están en manos de muy pocas personas, se dan situaciones de extrema pobreza. Es necesario un sistema que se base en la solidaridad social y que, igual que obliga los ciudadanos de cada país a contribuir con sus impuestos al mantenimiento del bienestar social, obligue también a los grandes capitales a contribuir fiscalmente a los gastos sociales, un sistema que persiga y castigue la corrupción y la delincuencia financiera y que no permita la ocultación de dinero procedente de actividades ilícitas (procedan del terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de armas o la corrupción bancaria y empresarial). Por supuesto también la banca pública Por experiencia ancestral, en Venezuela todas incluyendo ésta República, han destruido a la banca pública con corrupción e ineficiencia esencialmente. El principal problema económico del sector bancario público son las enormes pérdidas acarreadas por los créditos de cobro dudoso. Se trata de los “nuevos” créditos, los cuales son otorgados por los bancos públicos, en su calidad de entidades bancarias operantes de forma libre, sin control alguno y con fines netamente proselitistas. Los bancos están obligados a otorgar créditos a las nuevas empresas y personas, lógicamente sin tomar en cuenta los posibles riesgos financieros, ya que son créditos políticos. El número de los créditos dudosos, en su mayoría incobrables es importante y un secreto. Ahora enredados más, con los negocios de los bonos, operaciones y préstamos en el exterior, depósitos en el extranjero sin control alguno y la compra de divisas apostando a la subida del cambio paralelo. Igualmente, en la banca pública, obviamente existe el cobro de picadas por el otorgamiento de los créditos, cobro de comisiones en las expropiaciones financiadas por los bancos del Estado y las comisiones en las compras del banco. El factor humano, sin lugar a dudas, tiene mucho que ver con los fracasos en los negocios de los bancos públicos. Ya que generalmente se colocan en las cabezas de los bancos a gente sin experiencia. Constituyendo una parte importante de los motivos de concesión de una gran cantidad de créditos deficitarios. Una vez más se ha vuelto a demostrar la regla de que, si en un banco se van acumulando de manera alarmante créditos de cobro dudoso, la primera explicación hay que buscarla en los errores de su gerencia, puesto que esta es siempre la principal causa intrínseca de una crisis bancaria. La falta de experiencia del personal bancario, su baja calificación, la incompetencia profesional y, sobre todo, la frecuente indiferencia ante los principios básicos de los negocios crediticios están entre las causas más corrientes. Todo ello se desprende, en la mayoría de los casos, de una absoluta falta de experiencia en el campo de los negocios a crédito en un medio de mercado real (salvo unas cuantas personas con experiencia, a punto de jubilarse, que gracias a los acontecimientos históricos pudieron adquirir sus conocimientos en un medio financiero normal). En el caso de los grandes bancos con participación del Estado, hay que mencionar además el ejercicio absolutamente insuficiente e incorrecto de las obligaciones como propietario por parte de los empleados públicos, la frecuente alteración de los principios de concesión de un crédito, que provoca diferentes tipos de corrupción, fraudes bancarios y malversaciones. Los que más se molestan Paralelamente al trabajo honesto de miles de empleados de la banca pública y privada, existen ciertos individuos, y hasta grupos, que tratan de aprovecharse abusando de sus posiciones súbitamente adquiridas. Muchos de los ejecutivos bancarios de alto rango con competencias de decisión no dudan en conceder, a cambio del soborno correspondiente, enormes créditos a personas cuando menos poco recomendables, y para proyectos dudosos desde el punto de vista económico. Como garantía por los créditos otorgados aceptan, con plena conciencia, bienes muebles e inmuebles que en la mayoría de las ocasiones estaban sobrevalorados. Estos justamente son los que se molestan cuando les revisan sus cuentas y balances. REGRESAR |