Los más letales enemigos de Leopoldo López , en su aspiración a convertirse en Alcalde Metropolitano de Caracas, no están en el chavismo sino entre sus compañeros de la oposición.
En esa acera se ha formado una especie de “Tocole” (todos contra Leo) donde el destino ha vuelto a juntar parcial y circunstancialmente a Manuel Rosales con Julio Borges , cuyo partido, Primero Justicia, sólo reprocha de dientes para afuera los efectos inhabilitantes de las sanciones dictadas por la Contraloría.
Rosales, por su lado, oficializó el apoyo de Nuevo Tiempo a Liliana Hernández en Chacao y de ese modo puso una piedra en el camino de Leopoldo a continuar controlando la alcaldía más rica de América Latina a través de su delfín, Emilio Graterón, un episodio que eventualmente podría derivar en que el joven López termine rompiendo con Nuevo Tiempo, como ya lo hizo con Primero Justicia, y siga adelante con su propio partido, el oso y su tocayo.
En paralelo, Manuel Rosales se lanza a la Alcaldía de Maracaibo por comprensibles razones.
Eso de pasar de gobernador de estado a alcalde de la ciudad podrá verse feo, o como un retroceso, pero obedece a una fría lógica de la vieja política venezolana, que aún sigue vivita y coleando: el control de un presupuesto, de un aparato burocrático e, incluso, de un cuerpo policial, determina el esplendor o declive de un político.
Ejemplos abundan: Oswaldo Álvarez Paz renunció a la Gobernación del Zulia para ser candidato presidencial de COPEI en 1993 y, al morder la derrota, se extinguió. Se quedó sin chivo ni mecate. Algo parecido sucedió con Arias Cárdenas, quien dejó la misma gobernación para enfrentar a Chávez en el 2000. Las cámaras de la TV se le apagaron a Enrique Mendoza después que dejó de ser gobernador de Miranda. De todos, el único que ha sobrevivido a esa aventura es Rosales y el hombre quiere seguir vivo como político para el 2013.
Borges, de su lado, insiste en quitarle esa bombona de oxígeno manteniendo firme la candidatura de Guanipa a la misma alcaldía de Maracaibo, pues Julio lo prefiere debilitado, al igual que a López, de modo que sea él y no otro el jefe de la oposición, es decir, el mejor posicionado para enfrentar a Hugo Chávez (o a su heredero, si no revive la reelección continua) en las próximas elecciones.
Es obvio que Leopoldo también quiere ser candidato en 2013 y, por las mismas razones que Rosales, necesita que ese año lo agarre en calidad de alcalde.
Sobre todo ahora que su delfín, Graterón, denunció la decisión que favoreció a Liliana y no a él como un “ravellazo” (Noticias 24 dixit), o sea, producto del dedo de Alberto Federico Ravell, director de Globovisión.
Todos tienen en la mira el 2013… o una cita electoral anticipada, para el caso de que el cardenal Urosa les consiga el milagro de mostrar un Chávez derrotado el 23 de noviembre, en posición de debilidad para un referendo revocatorio en 2010.
Eso por no hablar de los atajos inconstitucionales con los que todavía sueñan los aventureros más impacientes. REGRESAR |