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| Nunca antes en la historia de la democracia venezolana un presidente había dilapidado, a su antojo, tan grandes cantidades de dinero. Literalmente, se puede decir que el presupuesto nacional es utilizado a discreción, sin control alguno, por Hugo Chávez. Ningún funcionario público, por más alta que sea su jerarquía, se atreve, ni por asomo, a contradecir sus disparatadas órdenes en cuanto a lo que se debe hacer con la riqueza de todos los venezolanos. Para él las barreras no cuentan y, mucho menos, las normas de carácter administrativo, a la hora de decidir cómo y en qué se deben invertir los recursos provenientes de la renta petrolera y la recaudación fiscal interna. Pero como reza la manida frase de Lord Acton: 'El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente'. Allí radica la verdadera tragedia del chavismo y de nuestra desmantelada patria. Ahora bien, la revolución bolivariana está sustentada artificialmente sobre un barril de petróleo con un valor en el mercado internacional superior a los 100 dólares. Cualquier gobernante sensato utilizaría esa bendición divina para mejorar la calidad de vida de sus connacionales, sobre todo para sacar de la miseria a millones de compatriotas que hacen de tripas corazón para medio sobrevivir. Pero no, eso no es así, el caudillo máximo despilfarra el patrimonio colectivo como si se tratara de su hacienda personal. Las consecuencias han resultado desastrosas: mayor miseria y pobreza, corrupción generalizada, peligrosa contracción de la producción de bienes y servicios básicos, altísimo costo de la vida. La vesania chavista de destrucción de la empresa privada trae aparejada consecuencias que golpean a los humildes y contradicen el discurso 'nacionalista' del teniente coronel. Prácticamente la producción doméstica ha caído a niveles mínimos, ergo, es menester importar los productos que consumimos. O sea que, supuestamente, quien se rasga las vestiduras proclamando a gañote tendido la suprema defensa de los intereses patrios está actuando en dirección contraria. Según un informe del Santander Investment, las importaciones para 2009 morderán la escandalosa cifra de casi 70% de los bienes y servicios requeridos. Como dato anecdótico, podríamos destacar que desde 1989 a 2003, el promedio de este indicador fue de 19%. Esta posición se nos antoja insostenible en el tiempo. ¿Hasta cuándo? Quizás hasta el próximo año. De allí en adelante el pueblo se encargará de cobrarle las cuentas a quien gracias a un desmedido afán ególatra y mesiánico arruinó a Venezuela. Todos los países dedican sus máximos esfuerzos a proteger y promocionar la producción interna a los efectos de garantizar la oferta y el abastecimiento indispensables para satisfacer las necesidades básicas de la población, a precios razonables. Pero, en nuestro caso, de seguir las cosas así, vamos a tener que traer hasta las criollísimas arepas, desde no sé dónde. Los aumentos salariales se convierten, de la noche a la mañana, en sal y agua. En un año, según cifras del Banco Central, la incidencia del alza de precios ha sido de 27,5%, pero, ¡oh sorpresa!, la inflación entre los más pobres llega a 32,9%. Algo peor aún, en el sector alimenticio este retorcido impuesto gubernamental es de 41,5%. Y si quieren algo más, según el mismo Banco Central, 25% de las familias más pobres destinan 45 de cada 100 bolívares 'fuertes' a la compra de alimentos. Pobre pueblo. REGRESAR |
| Fecha publicada: 16/05/2008 Fuente: El Nacional Tema: gobierno
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