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Ángel Alayón es un joven economista que dirige el Instituto Venezolano de Finanzas Personales. Basado en una metodología internacional, el organismo que dirige diseñó un cuestionario con el cual se pueden establecer comparaciones entre Venezuela y otros países en cuanto al manejo de la información y educación financiera.

De acuerdo a ese estudio, cuyo trabajo de campo realizó la encuestadora Datanalisis, 43% de los venezolanos 'tiene algún nivel de analfabetismo financiero'. De ese hecho derivan graves consecuencias para una población que vive en un país cuya economía es 'altamente inflacionaria'.

Alayón sostiene que una inversión a largo plazo, en un portafolios diversificado del mercado de capitales, es un buen antídoto contra la inflación. 'No hace falta ser ningún experto, ni haber estudiado Economía o Administración para acceder a este tipo de instrumentos'. En el mercado hay opciones disponibles a partir de 50 bolívares fuertes. 'Sin duda, hay que romper varios mitos: uno es que hace falta mucho dinero, otro es que hace falta ser un especialista y un tercero es que este mercado es altamente riesgoso. Toda inversión conlleva un riesgo', aclara Alayón.

Lo ideal sería que se creara la institucionalidad en Venezuela que fomente el ahorro a largo plazo y la inversión en actividades productivas, a partir de la creación de fondos de pensiones, públicos o privados, que participen en el mercado de capitales. Bajo esta modalidad, países de América Latina y Europa le han proporcionado a su población en edad de retiro una calidad de vida similar a la que tenían cuando eran parte de la población económicamente activa. Esta es, sin embargo, una asignatura pendiente para Venezuela.


¿Cómo definiría el concepto de analfabetismo financiero?
Así como a las personas que no saben leer se les conoce como personas analfabetas, así como a las personas que no entienden lo que leen se les conoce como analfabetas funcionales, a las personas que desconocen algunos conceptos básicos en materia de finanzas personales también se les conoce como analfabetas financieros. Y esto es muy importante porque la capacidad que tenga una persona para manejar sus finanzas está sumamente vinculada con su calidad de vida, es decir, con la educación de sus hijos, con su propia educación, la adquisición de una vivienda, con la idea de superar un momento de crisis –familiar o personal– y, obviamente con el retiro laboral.

En el ámbito educativo, las finanzas personales se han promovido (desde Naciones Unidas) como una posibilidad de incluir a un mayor número de personas en el manejo de esos conceptos básicos.


¿El analfabetismo financiero puede avergonzar a una persona? ¿Cuál es la actitud que debe observar la gente?
No hay en la educación formal, desde preparatoria hasta la universidad, una materia relacionada con finanzas personales. La información que manejamos es lo que escuchamos en el hogar sobre ahorro, consumo o el alto costo de la vida. ¿Qué implicaciones tiene esto para los venezolanos? El hecho, por ejemplo, de que cuando el Gobierno anuncia la emisión de bonos se ve como algo ajeno o distante, especialmente en los sectores populares. Se piensa qué difícil debe ser acceder a ellos. Y algo similar ocurre cuando se menciona un fondo mutual o un fideicomiso de inversiones. La gran virtud de la educación financiera, justamente, es vencer esa barrera y permitir que la gente se aproxime a instrumentos financieros, a estrategias de manejo de dinero, que pueden redundar en su calidad de vida.


¿Una persona que tenga altos ingresos o una que tenga bajos ingresos pueden ser, igualmente, analfabetas financieros?
Sí, absolutamente. En el estudio que realizamos recientemente, encontramos que hay desconocimientos básicos sobre cómo manejarse frente a la inflación, por ejemplo, en todos los sectores de la población venezolana, aunque no en una proporción uniforme. En Venezuela, este problema no está marcado por el estatus socioeconómico de las personas, sino por una falta de educación en este tema.


¿Qué porcentaje de la población venezolana pudiera calificarse como analfabeta financiera?
El estudio que realizamos refleja que, de acuerdo con los criterios internacionales, 43% de los venezolanos tienen, digamos, un nivel de analfabetismo financiero. Eso significa dos cosas: o desconocen las implicaciones que tiene la inflación, lo cual es grave en una economía inflacionaria, o desconocen los efectos positivos que pudiera tener, por ejemplo, el interés compuesto para multiplicar sus ahorros o desconoce la necesidad de diversificar el ahorro. Es decir, no poner los huevos en una sola cesta como una estrategia sana en finanzas personales.


En el estudio se afirma que entre 1978 y 2007 el promedio de la inflación venezolana es de 28% . ¿No es un porcentaje muy elevado?
Sí, lo es. La economía venezolana es altamente inflacionaria. Más allá de las connotaciones que tienen las políticas económicas, los venezolanos lo vivimos a diario.

Eso significa que los precios van subiendo en forma permanente. La inflación es el principal enemigo que tenemos desde el punto de vista de finanzas personales.


En ese mismo lapso, se indica que el promedio de la tasa de ahorro es de 7%.
Absolutamente, y eso ha sido así desde los años ochenta.


¿Qué implica esa disparidad?
Varias cosas, entre otras, que el dinero que una persona ahorra pierde poder adquisitivo. La consecuencia inmediata es que se estimula el consumo. Eso tiene implicaciones negativas, porque la gente prefiere consumir que colocar su dinero, digamos, en una cuenta de ahorro. ¿Qué significa ahorrar? Sacrificar consumo presente para consumir más en el futuro, nunca menos. Es importante identificar, desde el punto de vista personal, cuáles son las opciones que, en el mediano y largo plazo, permiten protegerse contra la inflación; y, desde el punto de vista de política económica, cómo podemos resolver el tema de la estructura de las tasas de interés.


¿Qué puede hacer una persona, por sí misma, ante las opciones que ha planteado?
Identificar los instrumentos de ahorro que puedan protegerla contra la inflación. Históricamente, en el corto plazo, las cuentas de ahorro no lo han sido. Los estudios que hemos hecho, validado por otras instituciones que investigan estos temas, es que desde 1972 hasta el presente, la inversión en el mercado de capitales, en bolívares, ha sido un mecanismo de protección. Algo a tomar en cuenta, que es muy importante, es que esa inversión debe ser, siempre, de largo plazo, nunca menor a cinco años.


El mercado de capitales es percibido como algo muy especializado, al que sólo acceden las personas con altos ingresos. ¿Es una cuestión de imagen o una realidad?
Hay varios mitos que hemos identificado en el estudio. Uno es que se requiere mucho dinero para invertir en el mercado de capitales o en títulos del Gobierno. Lo cierto es que actualmente se puede acceder a un portafolio diversificado de acciones por un monto de 50 bolívares. Hace 20 años no era así. Pero con los cambios tecnológicos surge esa posibilidad. Un segundo mito es que eso es para los que saben mucho de finanzas. No, no hay que ser un experto en finanzas. Quizás la imagen que tenemos es la que se difunde en las películas, en la que alguien está comprando o vendiendo acciones en un dos por tres. Es todo lo contrario. Hay instrumentos financieros en los cuales el portafolio ya está definido, donde la mejor estrategia es dejar la inversión allí, creciendo con el tiempo. Para eso no hace falta ser un experto en finanzas o el haber estudiado economía o administración. Un tercer mito es que eso es altamente riesgoso. Hay que aclarar que cualquier inversión, ya sea un depósito bancario o un negocio, conlleva un riesgo. Por eso, es muy importante saber cómo manejar el riesgo y tener en cuenta que la diversificación es la mejor forma de minimizarlo, no poner los huevos en una sola canasta.


¿Si el mercado de capitales es el producto que ofrece el mercado para protegerse de la inflación, por qué no se hace 'marketing' en una economía inflacionaria como la venezolana?
Algo que tiene que existir es una institucionalidad que permita la promoción y el desarrollo del mercado de capitales. Eso significa que en Venezuela tiene que haber, de alguna manera, una política de apoyo al ahorro y a la inversión. El mecanismo de promoción de los mercados de capitales, fundamentalmente, ha sido el ahorro de los trabajadores de largo plazo. Es decir, los fondos de pensiones. Eso ha permitido que en muchos países de Europa y América Latina se haya potenciado, por una parte, el ahorro de sus ciudadanos, y por otra el desarrollo de sus economías. No estamos hablando necesariamente de fondos privados. Lo que esto significa es que el ahorro de los trabajadores pueda ir a los instrumentos del mercado de capitales, ya sea a través de una modalidad pública o una privada.


En el estudio se afirma que los venezolanos, de altos y bajos ingresos indistintamente, piensan que el ahorro es importante para la vejez y el retiro. ¿Es una simple manifestación de deseo o hay que ofrecer alternativas para que eso se concrete?
Todos hemos conocido el caso de personas que han llegado a la vejez y han disminuido sensiblemente su calidad de vida, entre otras cosas porque no hay un sistema previsional que soporte algo que es natural, el declive de la capacidad de las personas para generar ingresos en la edad del retiro. En el estudio identificamos a tres grupos de personas: aquellas que identificaban esa preocupación y calculan cuáles serían sus necesidades si se retiraran hoy, en qué deberían ahorrar e invertir; aquellos que, considerando ese hecho, no toman decisiones, ya sea por lo que se conoce en ciencias como un problema de miopía (se desestiman las consecuencias que tiene la falta de previsión a largo plazo); y otros que, efectivamente, tienen serias dificultades, económicas y financieras, como para entrar en un sistema de pensiones. Hay, además, otro grupo que piensa que no hay alternativas en el mercado; son personas que si acceden a la información, a la educación, pudieren tomar acciones rápidamente.
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Fecha publicada: 18/05/2008
Fuente: Últimas Noticias
Tema: economia

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