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La percepción generalizada es que la mayoría de las transacciones con tarjetas de crédito se destina a gastos superfluos.

También lo creen así los funcionarios de Gobierno. Tanto, que cuando el titular de Finanzas, Rafael Isea, anunció el aumento de las tasas de interés a 33% para ese instrumento financiero alegó que la decisión se tomaba para ayudar a la población a reducir los gastos innecesarios e incentivar el ahorro.

El presidente Hugo Chávez también hace llamados desesperados para frenar lo que, en su opinión, es un 'consumismo desbordado'. 'Ahorren lo que puedan, un bolivita, ahórrenlo, piense cada quien en el no salgamos desbocados a gastar todo, a caer en las trampas del capitalismo. Mucha gente gasta lo que no debería gastar. ¡Por el amor de Dios!', clamó el primer mandatario el pasado 30 de abril cuando anunció el aumento del salario mínimo a 799 bolívares fuertes.

Pero el desglose de la facturación de las tarjetas de crédito echa por la borda el discurso oficial: 66,11% de las transacciones se destina a la compra de bienes básicos, y de este porcentaje 39,44% se dedica a la adquisición de bienes esenciales para toda familia, tales como alimentos, salud, transporte, servicios públicos, educación y vestido y calzado. Pero más dramático es que el renglón que por sí solo concentra el mayor porcentaje de las compras con tarjeta de crédito es supermercados y abastos, con 10,48%, lo que indica que lo que más se compra con el llamado dinero plástico es alimentos, cuyos precios han subido en lo que va de este año 8,7%. A restaurantes y fuentes de soda sólo se dedica 4,67%; a hoteles, 3,41%; y a bebidas alcohólicas y tabaco tan sólo 0,30% de toda la facturación.

Que las familias venezolanas estén llenando sus alacenas y neveras con la tarjeta de crédito –es decir, con financiamiento– evidencia un gran cambio en el patrón de consumo de los tarjetahabientes, que tiene una explicación muy clara: los sueldos no son suficientes para cubrir los gastos, y la tarjeta, más que un instrumento para compras extras, es utilizada como complemento del salario para cubrir, aunque con el costo del crédito, los gastos básicos.

Fuentes del sector financiero explicaron que hace 10 años las compras con el llamado dinero plástico se concentraban en mayor porcentaje en restaurantes, joyerías, discotecas, boletos aéreos y hoteles. Ahora, la tarjeta se usa para gastos de educación, supermercados, pólizas de seguro, clínicas, farmacias y pago de servicios públicos.

'Observamos un consumo mucho más consciente, más dirigido hacia gastos básicos del hogar y a la necesidad de `redondearse’ la quincena', apuntaron las fuentes.

El número de tarjetahabientes está alrededor de 2,7 millones de personas, aunque la cantidad de plásticos en circulación es mucho mayor debido a que una misma persona posee varias tarjetas. Se proyecta para este año un aumento de 40%, especialmente por la migración de aquellos usuarios que requieren del cupo de dólares de Cadivi y que antes recurrían a la tarjeta prepago, ahora prohibida por el Gobierno.

Explicaciones Para Luis Zambrano Sequín, economista y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, el llamado oficial a bajar el consumo tiene como fin desarrollar una política antiinflacionaria, tratando de controlar, por un lado, la liquidez y, por el otro, reducir la demanda. 'El Gobierno sabe que este año, por ser electoral, se estimulará el gasto público. Siendo así, y si quería mantener bajo control la inflación, tenía que hacer dos cosas: evitar la expansión de la liquidez y atenuar el crecimiento del consumo, pese a que éste está inducido por el gasto público. Pero no creo que subir las tasas haya sido muy efectivo. Cuando se espera una inflación de al menos 30%, una tasa de 33% no logra desestimular a los tarjetahabientes. Sigue siendo una tasa muy baja en términos reales y en algunos casos incluso negativa, de manera que seguir comprando a crédito sigue siendo un negocio.

Mucha gente sigue pensando, y con razón, que es preferible endeudarse para comprar los bienes que requiere porque unos meses más tarde esos mismos bienes estarán mucho más caros'.

Luis Vicente León, director de Datanálisis, coincide con Zambrano, pero agrega que la preocupación que existe en el Gobierno va mucho más allá de lo ideológico, que podría contener la petición del Presidente de reducir el consumo y ahorrar. 'Es que el incremento en el consumo ha generado un problema operativo en la microeconomía.

En un país normal, cuando se tiene un incremento relevante en el consumo, estimulado por el gasto público, lo usual es que los empresarios privados quieran montarse en ese autobús y beneficiarse de ese auge en las ventas. Para ello tendrían que expandir sus plantas y desarrollar nuevas inversiones. Usualmente esto sería considerado positivo por cualquier gobierno, que buscaría captar inversiones, tanto locales como extranjeras, para expandir la capacidad productiva del país. Pero aquí existe una dicotomía: aumenta la demanda pero no hay estímulo para la inversión necesaria para subir la oferta. Y, además, ese incremento de la oferta es mal visto por el Gobierno, que interpreta que un incremento de la empresa privada es un fortalecimiento del capitalismo y del imperialismo'.

León explica que esa situación produjo el año pasado
'Hace 10 años la tarjeta se usaba en restaurantes, joyerías y discotecas... Ahora vemos un consumo más dirigido hacia gastos básicos del hogar y a la necesidad de `redondearse’ la quincena'

un desabastecimiento importante. Muchos alimentos básicos desaparecieron de los anaqueles de los supermercados. 'Ello generó rabia en la población, que empezó a evaluar negativamente la gestión del Presidente. La rabia, políticamente hablando, se conoce como un sentimiento activo. No, por ejemplo, como ocurre con el tema de la inseguridad, que es de gran preocupación para todos los venezolanos pero que produce miedo y angustia, no rabia.

La gente, con rabia, culpó del desabastecimiento al Gobierno, y eso tuvo un impacto importante en la popularidad de Chávez'.

León está convencido de que cuando Chávez comprendió esto aceptó una propuesta que desde el punto de vista netamente económico no es del todo negativa, como lo es enfriar la economía, de una manera deliberada, y aplicar prácticamente un nuevo plan económico, sin mayores anuncios explícitos: reducción de la demanda y el consumo a través de una disminución de la liquidez monetaria; aumento del costo del crédito al consumo; endeudamiento con bonos de la Nación, no para financiar un déficit fiscal –como es el endeudamiento típico– sino la reducción de la liquidez y el consumo; devaluación empírica con la creación de un mercado dual y reducción de la asignación de divisas a sectores que el Gobierno considera no estratégicos. 'Es, sin lugar a dudas, un ajuste que no se anunció, pero que está en plena ejecución'.

Economía y política En este Gobierno, mucho más que en cualquier otro, las decisiones económicas están fundamentadas en razones políticas. Las líneas de ambos campos siempre terminan unidas. Un análisis de la conducta oficial no puede excluir las elecciones del próximo 23 de noviembre, cuando Chávez se enfrentará al titánico reto de mantener el 'mapa rojo' en que –a excepción de cuatro estados (dos opositores: Zulia y Nueva Esparta, y dos rebeldes: Aragua y Sucre)– se convirtió el país.

León, al igual que algunas bancas de inversión extranjeras, como Morgan Stanley, está convencido de que el mencionado plan de ajuste se suspenderá en breve por la cercanía de la jornada comicial y porque entre enero y abril de este año el ingreso real de la población cayó 1,96%. Es una caída leve pero tiene la connotación de ser la primera que se produce en los últimos cuatro años. 'Chávez se verá presionado a generar una expansión económica.

Estará dispuesto a hacer lo que sea para ganar, de manera que no podrá mantener el plan de ajuste. Puede que él esté claro en que no perderá más de 50% de los estados, pero también debe tener claro que los mayores riesgos están en ese gran corredor electoral que conforman Miranda, Caracas, Aragua, Carabobo, Lara y Zulia, a los que también se podrían agregar Táchira, Bolívar y Anzoátegui.

Son estados donde habrá pelea, estados que están en disputa y que representan más de 60% de los electores'.

Por eso, León cree que Chávez terminará aplicando la misma estrategia que le ha resultado exitosa en otras ocasiones: permitir que la población emprenda con él una relación utilitaria, y eso sólo se logra con expansión económica, real o al menos perceptualmente. 'Abandonará cualquier medida que pueda provocar un costo político'.

Cree que ya existen las primeras señales de esta conducta, con la cantidad de divisas que se está asignando para la importación de alimentos, de manera que los anaqueles permanezcan repletos, sin riesgo de un desabastecimiento que pueda impactar la decisión de voto.

Además, la tesis de bajar el consumo y ahorrar no puede ser exitosa frente a la realidad económica de la mayoría de los venezolanos: 15% de las familias tiene ingresos mensuales inferiores a 700 bolívares fuertes, y 38% de la población no cubre los gastos de la canasta básica. 'Para ellos, el mensaje del ahorro es absolutamente vacío. Son más de 10 millones de personas que ante cualquier ingreso extra se volcarán de inmediato a cubrir necesidades básicas no cubiertas'.



'Para más de 10 millones de personas el mensaje del ahorro es vacío'

Alza de tasas activas conduce a la morosidad

Menos inflación, más ahorro
El registro de una inflación elevada en los últimos meses motivó al Gobierno a tomar medidas para reducir la presión de la demanda sobre los precios. El pasado 28 de febrero, el BCV aumentó de 28% a 33% la tasa de interés máxima para tarjetas de crédito, y subió de 10% a 13% la tasa mínima que los bancos pagan por los ahorros, y de 11% a 14% por los depósitos a plazo fijo y participaciones. Sin embargo, para Rafael Muñoz, economista y profesor de la UCAB, la efectividad y pertinencia de esas medidas no lucen claras. 'El incremento de las tasas para tarjetas de crédito podría no tener un efecto relevante en la baja del consumo, porque estamos ante un contexto de escasez e inflación elevadas'. A esto se agrega que el BCV también acordó eliminar o establecer límites máximos a las comisiones, tarifas y recargos que cobran los bancos por sus operaciones financieras, entre ellas las relacionadas con el uso de las tarjetas de crédito, lo cual reduce el costo efectivo del crédito por esta vía y, por ende, disminuye el efecto del incremento de las tasas para tarjetas en el consumo. Advirtió que, en todo caso, el alza de las tasas al 'dinero plástico' puede producir un incremento en la morosidad en este tipo de crédito, el cual tiene un peso relevante en la cartera crediticia total de la banca (9,8% al cierre de 2007). Considera que pese al aumento de las tasas pasivas, éstas siguen siendo negativas: inferiores a la inflación, que se proyecta en 30% para2008. 'El estímulo al ahorro debiera basarse más en el control de la inflación que en el manejo de las tasas pasivas'.
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Fecha publicada: 21/05/2008
Fuente: El Nacional
Tema: compra

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