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El mundo del petróleo nos importa un comino, ahora bien: el crudo no hace lo mismo con nosotros. Sobrevivimos embetunados de esa brea. Dicen los expertos que Venezuela ha recibido sopotocientos millones de dólares de ingresos extraordinarios por el aumento de esa materia prima. ¿Y dónde están eso caudales? Nadie lo sabe.
Nuestros conocimientos sobre los hidrocarburos son escasos, como le sucede a la mayoría de las personas de este país que, por la gracia de la Naturaleza y la teoría de la descomposición de residuos vegetales o animales, llamado 'proceso químico bacteriano', nos encontramos bajo nuestros pies con un oro negro que nos ha traído en distintas circunstancias prosperidad o caos. Mucho más de lo último.
Los antepasados aborígenes lo tenían claro; sin multinacionales o trabajos químicos, utilizaban la brea o el asfalto para sus usos cotidianos. Y no digamos del sentido de la inmortalidad dado por los embalsamadores gracias a los poderes - en ese tiempo misteriosos y ocultos - del hoy conocido petróleo, que por esas épocas de Mariacastaña era llamado de muy distinta manera, 'mumiya' creemos. Uno, al referirse al crudo, habla un poco de oídas, al tenerle en el fondo un respeto imponente.
Es nuestro tótem, el amuleto de dichas o desgracias, el padrote de la amargura o felicidad, el hacedor de la vida cotidiana. El pan de cada día y el epicentro de la existente corrupción. Con todo, seguimos en nuestras trece: ¿Por qué razón, si sube el petróleo y Venezuela recibe puñados de dólares frescos, seguimos viviendo cada día peor y la moneda nacional llamada 'fuerte' se va a pique? Ya. Se nos hablará en términos conceptuales de ofertas y demandas, sobre una ciencia impredecible donde entra la teoría de Keines y, al final, llegar al punto donde se cruzan economía y política.
La mejor forma de gobernar es la que actúa con sentido común, no la basada en conceptos insoslayables. Evidentemente la economía domina de manera brutal nuestra realidad de cada día, pero también que si se hace uso de la coherencia, el desarrollo de una sociedad puede ir en aumento.
El petróleo, suba – está rayando los 134 dólares - o baje, sigue siendo para nosotros un sueño negro, negrísimo.
En todo ese desbarajuste de alzas, el venezolano común nada percibe o muy poco: el gobierno acumula botijas de morocotas que desbarata en sus sueños de grandeza.
Lo ya sabido: somos un pobre país rico. Es más: dinero hay a puñados... en las arcas de Miraflores. REGRESAR |
| Fecha publicada: 26/05/2008 Fuente: El Mundo Tema: petroleo
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