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Gracias a la nueva estabilidad y vitalidad económica, que se vive aquí y en gran parte de la región, América Latina depende menos de los destinos de Estados Unidos.
Así, mientras los consumidores estadounidenses se ajustan el cinturón, los brasileños gastan como si en portugués la palabra recesión no existiera.
En tanto la clase media de Estados Unidos se siente acechada por la angustia, la clase media brasileña crece. Ni siquiera estadounidenses dignos de crédito pueden conseguir una hipoteca; en cambio, los brasileños sacan créditos como nunca.
'Antes, cuando Estados Unidos estornudaba, Brasil se pescaba una pulmonía, pero eso ya no ocurre', dijo Marcelo Carvalho, director ejecutivo de Investigaciones de Morgan Stanley de Brasil. 'La economía brasileña crece aunque Estados Unidos, para nosotros, ya está en recesión.' A Brasil le está yendo bien gracias a una combinación de factores. Los altos precios de las materias primas, impulsados por la demanda de China, generaron una moneda fuerte y crearon empleos.
El año pasado, la inversión extranjera se duplicó, y llegó a 34.600 millones de dólares, en su mayor parte en el mercado bursátil, que es uno de los que más está creciendo en el mundo. La moneda es fuerte -hace poco alcanzó el nivel más alto en nueve años respecto del dólar- y probablemente se fortalecerá aún más teniendo en cuenta la reciente decisión de Standard & Poor de subir la nota de inversión de Brasil.
La inflación, que terminó 2007 en 4,5%, está bajo control y la economía crece en forma estable, gracias a la gestión competente del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Su amplio programa de asistencia llevó a los pobres dinero para gastar.
Los sueldos aumentan y el desempleo baja. Da Silva habla de milagro. Pero en realidad, se trata de algo que a los latinoamericanos les faltó durante mucho tiempo: confianza.
En momentos en que tanto el Gobierno como los analistas insisten en que la economía puede resistir los efectos de una desaceleración global, bancos y empresas son lo bastante sólidos como para prestar a los consumidores por períodos más largos. Una clase media cada vez más a salvo, tiene confianza como para tomar préstamos hasta tal punto que, según los analistas, el consumo interno superó a las exportaciones como principal motor económico de Brasil, reduciendo el efecto de lo que sucede, por ejemplo, en Estados Unidos.
Las adquisiciones importantes de bienes como casas, autos y artículos electrónicos están al alcance de 20 millones o más de brasileños que antes, calculó Erico Ferreira, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones de Crédito, Financiación e Inversión. 'Todos están llevando más dinero a su casa. Si alguien quiere un crédito lo obtiene'.
Para artículos como autos y casas, donde pagar en efectivo rara vez es factible, las cifras son reveladoras.
El número de casas compradas con hipotecas aumentó 72% el año pasado alcanzando la cifra más elevada de la historia, y la cantidad de dinero que se pide prestado para comprar vehículos creció 45%. Según los economistas, la explosión del crédito es un fenómeno regional. Si bien los países latinoamericanos tienen poca tradición en cuanto al crédito para consumo, la cantidad de dinero que se presta está creciendo rápidamente, dijo Gregorio Goity, economista argentino y ex director de la Federación Iberoamericana de Asociaciones Financieras. 'Creo que no hay ningún lugar donde no esté creciendo', agregó, refiriéndose a América Latina.
'La gente que no tenía nevera, lavadora, máquina de coser, calefacción, aire acondicionado, ahora puede comprarlos para mejorar considerablemente su calidad de vida'.
La nueva realidad es más evidente en Brasil -donde la cantidad de dinero puesto en tarjetas de crédito aumentó 20% el año pasado- y particularmente en el mercado automotor. El año pasado, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Vehículos Automotores, de sus playas salieron un récord de 2,46 millones de vehículos. Las ventas ya subieron 31% en lo que va del año. La razón, coinciden Lula y los expertos, es el cambio en los planes de pago. Hasta hace poco, las tasas de interés eran tan altas y la economía brasileña tan poco predecible que los bancos no daban préstamos por períodos prolongados.
Sergio Troczynski, consultor comercial de 24 años, consiguió un Fiat Punto e hizo realidad su sueño de tener un auto nuevo.
Hasta hace unos años, no podía hacer frente a cuotas tan exorbitantes.
Ahora gana suficiente para ir pagando el carro -y un televisor. 'Puedo arreglarme gracias a la financiación', dijo Troczynski. 'Ahora el crédito es más fácil de conseguir y eso facilita comprar un auto o una casa y pagarlos a varios años'.
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| Fecha publicada: 31/05/2008 Fuente: El Nacional Tema: economia
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