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Nombrar a los planes del Gobierno 'Caracas Segura' y 'Venezuela Segura' suena como una utopía cuando se mira la realidad del país. En las dos últimas semanas la cifra en la capital disminuyó de 32 a 31 casos de muertes violentas.
Tiene razón entonces el ministro de Relaciones Interiores y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, cuando señala una y otra vez: 'No estamos conformes con los resultados'.
Los números de la semana que transcurre no mejoran el asunto. Cifras del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) refieren que desde el 1º de junio hasta las ocho de la mañana de ayer, la morgue de Bello Monte recibió 76 cadáveres que encontraron la muerte por diferentes motivos: ocho están por determinar, ocho por la agresión con armas blancas, 10 como consecuencia de accidentes de tránsito y 50 por armas de fuego.
En un recuento por el país, en Táchira murieron ocho personas el viernes con la llegada a tiros de una banda a un salón de billar; a Rosángela Olivo le propinaron cinco disparos en Mariches; a José Gregorio Edler lo ultimaron con tres en Petare; a un Guardia Nacional con uno en Carabobo mientras intentó repeler un enfrentamiento entre bandas. Todo esto sin contar con que en Zulia se registraron siete sicariatos entre martes y jueves y uno -del que se tiene conocimiento- en Caracas, el de Pierre Fouad Gerges.
Mientras esta realidad se repite, tanto el ministro Rodríguez Chacín, como el director del Cicpc, Marcos Chávez, manifiestan una y otra vez que las cifras de homicidios van en caída como consecuencia de la política del 'no a la impunidad' -que han utilizado como eslogan- y al continuo desmantelamiento de bandas.
Los muertos siguen multiplicándose y del plan de desarme de la población nada se conoce. REGRESAR |
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