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Por supuesto que muchos nos alegramos de la salida de Farruco del minipocultura donde parecía eternizarse su reinado stalinista. Los que esperan viviendas quizás sean las nuevas víctimas de sus afanes. No dudamos que rápidamente saldrá de todos los meritócratas que han quedado, si quedan, en esa estropeada institución y arquitectos, economistas e ingenieros serán sustituidos por el batallón Alí Primera que pasó tres semanas en Cuba aprendiendo las técnicas revolucionarias de la construcción, por aquello de los poderes creadores del pueblo.
Lo sucede el señor Soto, viceministro, que tiene la peculiar carrera de veterinario, a primera vista poco cónsona con el despacho en cuestión.
Me viene a la memoria una anécdota ucevista según la cual el rector Bianco le dijo al sabio García Pelayo que él era el primer farmaceuta que había llegado al rectorado en Venezuela. El maestro le contestó: 'No, rector, en el mundo, en el mundo'. (Por supuesto que la actividad farmacéutica es muy noble y hay admirables profesionales de ella, simplemente no es un hecho común el descrito). Advierto: el cuento se non è vero è ben trovato. Un veterinario ministro de cultura es más inusual. Más cuando además de unos cargos burocráticos, se dice que por rojo intenso, el currículo intelectual que ha salido en los medios no registra ninguna relación con la cultura y su única investigación veterinaria registrada tiene que ver con '...las alteraciones ultraestructurales de espermatozoides de toros mestizos Siboney', que poco se relaciona -dice uno, ignaro en semejantes temas genitales bovinoscon las pinturas de Reverón, los poemas de Eugenio Montejo o Araya de Margot Benacerraf.
Tampoco hay que poner el grito en el cielo. Hemos visto tanto sargentón y minusválido cerebral ocupar, en la presente administración, los cargos más técnicos, a veces por dos o tres meses, para asustarse con espermatozoides de toros. Y, a decir verdad, lo que suele proceder en estos casos y a pesar de sus primeras genuflexiones y promesas de seguir las política de las megaplastas y, supongo, los mercados de alimentos en el solemne y arquitectónicamente torpe salón principal del Celarg, es darle un chancecito temporal para que abra sus juegos, al fin y al cabo el problema de la carne de res está muy en álgido por estos días y quién quita que su aporte al menos venga por tan importante rubro proteico.
Fíjense que el benemérito Farruco -poeta, ensayista, arquitecto, dibujante, cineasta, locutor, editor de sí mismo, amigo entrañable del bienestar de sus amigos-, renacentista pues, no dejó sino un esterero en la cultura: muchos libros que nadie lee, museos vacíos de toda vaciedad, teatros convertidos en galleras politiqueras, censuras, desprecio por todo lo que vale en el país espiritual -por ejemplo la desfachatez de ignorar la muerte de Soto, Adriano González y Eugenio Montejo-, misiones culturales parecidas a las de 'pare de sufrir', autocratismo patológico, despidos masivos, revistas asesinadas, el semanario más feo y soso de toda la prensa nacional y regional, la jaladera impúdica al teniente coronel y a sus delirios ideológicos. Es decir que el hábito no hace al monje. ¿Quién quita pues que no exista nadie que lo supere? Pero por lo pronto lo más saludable y prudente es que sigamos adelante en lo que andamos -uno el escuálido, el intelectual pequeño burgués- tratando de construir una estructura cultural productiva privada que nos permita expresarnos. Y que yo creo que va muy bien: desde el mecenazgo de los que tienen plata hasta para la cultura a los heroicos intentos de gente como Nelson Garrido o La Carnicería, para sólo citar dos de esos muchos hongos que están naciendo por aquí y por allá buscando una expresión verdaderamente libre y alternativa.
Bueno amigo Soto, la pelota está en su campo, embista. REGRESAR |
| Fecha publicada: 23/06/2008 Fuente: TalCual Tema: cultura
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