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No son sólo Medellín en Colombia o Nueva York en Estados Unidos. Aunque suelen ser esos los dos casos más citados, muchísimas ciudades del continente han logrado reducir sus índices delictivos.
El sociólogo Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de la Violencia, dice que la ciudad que abrió el camino en la lucha contra la inseguridad fue Cali cuando la Alcaldía de esa ciudad estuvo a cargo del doctor Rodrigo Guerrero entre los años 1992 y 1994.
'Guerrero, médico epidemiólogo, fue el primero en tratar la inseguridad con una concepción epidemiológica: dividió la ciudad y descubrió cuáles eran los focos principales de violencia y en ellos concentró sus esfuerzos', explica Briceño León.
Los frutos del trabajo de Guerrero los aprovechó Antanas Mockus en Bogotá (quien empezó su primer per´iodo en 1995) y bastante después Sergio Fajardo en Medellín (2004-2007). Esa ciudad, por décadas conocida como la más violenta del mundo, logró la proeza de reducir sus homicidios de 184 por cada cien mil habitantes cada año en 2002 a 26,3 en 2007, esto es siete veces menos.
En la capital del departamento de Antioquia se hizo énfasis en la cultura ciudadana, en un programa que muchos tacharon de ingenuo: se elaboró un manual de convivencia ciudadana y un programa de formación en los que participaron más de 600 mil personas, es decir, más de la cuarta parte de la población.
Estados Unidos tiene también mucho que enseñar en la lucha contra el delito y así Nueva Orleans se convirtió en un ejemplo mundial a principios de los noventa de depuración de un cuerpo policial.
El caso más publicitado es el Nueva York de Rudolph Giuliani y su superpolicía William Bratton, aunque la verdad es que ya esa ciudad venía reduciendo sus índices delictivos desde 1991, dos años antes de que Giuliani ganara la Alcaldía. Los crímenes disminuyeron en forma sostenida entre 1991 y 2001, alcanzando al final el mínimo en treinta años: 5,5 por cada cien mil habitantes.
Allí, además de ubicar y atacar los principales focos de violencia, también se comenzó a atacar con dureza las infracciones menores, apoyándose en estudios que dicen que existe una relación directa entre los delitos mayores y los menores.
Sao Paulo, en Brasil, también está a punto de cumplir una década con menos de diez muertes violentas por cada cien mil habitantes. Allí, explica Briceño, los factores más importantes en esta reducción fueron el combate al expendio de alcohol y la política de desarme.
Y asegura que en América existe un ejemplo en combate al delito que muy pocas veces es nombrado: Santiago de Chile. La clave en la capital chilena es que la policía de allí (los llamados carabineros) es la de mayor prestigio en el continente, una policía profesional que hizo de manera ejemplar la transición entre dictadura y democracia y que se dedica a proteger a los ciudadanos y no a los políticos o a las edificaciones.
A Caracas le sobran espejos donde mirarse. REGRESAR |
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