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Al escritor y actual presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, Óscar Sambrano Urdaneta, le tocó la transición en la jefatura de la institucionalidad cultural del país, entre el anterior gobierno liderado por Rafael Caldera, y el actual por Hugo Chávez Frías. Con los recientes cambios de quienes han sido sus sucesores, si bien Sambrano aplaude el rango ministerial que ahora ostenta la cultura, cuestiona la actuación de la gerencia en el área.
-¿Qué balance hace de la gestión del saliente ministro de Cultura Francisco Sesto?
-Primero, quisiera recordar que estuve algunos años al frente del Consejo Nacional de la Cultura (Conac), a pesar de que yo fui por unos meses. Circunstancias hicieron que me quedara no sólo durante toda la presidencia del doctor Rafael Caldera, sino que estuve durante unos meses más del gobierno que comenzaba porque no había quien ocupara el cargo. Tuve que esperar la llegada de Alejandro Armas, quien me sustituyó. Luego estuvo Manuel Espinoza, y creo que dejó un saldo más bien negativo. Su paso por el Conac no fue lo que se esperaba. Después vino Francisco Sesto, y para todos fue una sorpresa porque no era una persona que tuviese una trayectoria en las artes.
-¿Cómo califica esa gestión?
-A mí me parece que algunas de sus actitudes como administrador de la cultura, el balance podría ser un poquito polémico. Digo que fue una gestión polémica, tal vez como cualquier gestión pública, pero lo que se espera es que la parte negativa sea menor que la positiva, y ahí es donde entran los criterios personales. En el caso de Sesto, hubo aspectos que hubiera sido preferible que por el buen nombre de su gestión no se hubieran hecho. Uno de ellos, es el decreto para eliminar el Conac.
-¿Qué le cuestiona exactamente?
-Ese Conac necesitaba un vicario que mediara con las altas autoridades, y aunque dependía del presidente de la República, en la práctica no era él quien recibía la cuenta del Conac. El Conac no tenía representación en el Consejo de Ministros, y te confieso que hice esfuerzos durante el tiempo que estuve allí para que se le diera el rango de ministerio sin cartera. A estas alturas, no tengo idea de cómo un hombre de las luces de Rafael Caldera y sus vínculos con la cultura, no accedió a esa solicitud. Hay que reconocerle a este gobierno la inteligencia de haber creado el Ministerio de la Cultura; pero no basta con crear algo sin ver el uso que se le da a esa creación, y es donde estamos en este momento. El problema de la liquidación del Conac es que se está perjudicando a un sector de los trabajadores.
-¿Qué otro aspecto le cuestiona a Sesto?
-El de la modificación de las 22 instituciones. Parte de esos decretos tienen un segundo artículo que estimulaba la planificación de cada institución que debía ser hecha por el pueblo o colectivo. Eso es un despropósito, algo demagógico que tiende a hacerle el juego a lo que pudiera ser la democracia participativa. Una cosa es que tú como ciudadano participes en todo lo que es la vida pública; y otra, que personas que no conocen de muchas de las materias, se ocupen de programarlas. Este tipo de decretos pone en duda todas las demás acciones, uno duda de que todas las políticas no estén contaminadas por un afán puramente demagógico. En ese sentido, la actuación de Sesto puede resultar -a lo largo de la historia y cuando se vea en perspectiva con serenidad- un poco polémica. Ahora, ¿qué hizo de bueno Francisco Sesto? Ojalá haya hecho cosas buenas, pero lamento mucho algunos sucesos que no sé si tendrán o no relación directa con él.
-¿Cuáles, por ejemplo?
-El tratamiento que se le ha dado a los ateneos. Estos eran instituciones populares, de creacion espontánea, privada, de gente que querían tener un sitio dónde ir, escuchar poetas, conciertos, donde proyectar sus valores. A muchos ateneos se les cortó el aporte gubernamental, y creo que ese corte tiene más que ver con una política segregacionista de un gobierno que dice 'Venezuela ahora es de todos'. Yo agrego 'de todos los chavistas'. El Ateneo de Caracas y el de Valencia son de los más antiguos del país y de los mejores. Hay que ver la contribución que le ha dado el Ateneo de Valencia a la cultura venezolana con el Salón Michelena y el premio José Rafael Pocaterra. Por su parte, el Ateneo de Caracas se vio tan acosado que tuvo que renunciar al subsidio.
-¿Qué opinión le merecen los megaeventos, como el Festival Mundial de Poesía?
-Me merece una opinión muy crítica. Este último festival tuvo como homenajeado a Gustavo Pereira, por quien siento la más alta estimación como poeta, es magnífico; y como ser humano es excelente. Pero ese festival no le dejó nada al país. Yo diría que fue un fracaso, y con un costo alto. Debe haber costado 1.200 millones de bolívares fuertes. Se trajeron poetas, vaya usted a saber quiénes eran, aparentemente de muchas partes de mundo. ¿Quién escoge esos poetas? ¿qué le deja al país la visita de esos poetas? Aparentemente nada o muy poco, en mi criterio. Además, no fueron invitados, precisamente, por no ser rojos rojitos, algunos de los principales exponentes de la poesía contemporánea venezolana, maestros reconocidos dentro y fuera del país. Esos festivales que tienen ese sesgo poco plural en el sentido ideológico no pueden tener ni justificación ni resultados positivos.
-¿Y si esos poetas fueron invitados y rechazaron la invitación?
-No tengo noticias de eso. Lo cierto es que no estuvieron presentes. Ahora, si ellos fueron invitados y rechazaron la invitación, deben haber tenido sus razones.
-Desde el punto de vista de la gerencia cultural ¿eso es indicativo de algo?
-Claro, es indicativo de que en el país existe una segregación. Desde un principio estamos con los revolucionarios y los escuálidos, oligarcas o no sé cuántas cosas más. Esa división que se ha ido creando, en vez de buscar sumar fuerzas, las divide y eso se ve en la cultura también. No puedo ver sin amargura cómo esa maravilla que es el Teatro Teresa Carreño se ha convertido en un foro político, más que cultural. Aquello se ha usado para toda clase de eventos oficiales, políticos, reuniones internacionales, y la programación que uno conocía en otros tiempos ha disminuido. Esa preponderancia que en el país existe de lo político sobre otros intereses de la nación, es muy dañina.
-¿Qué esperaría del nuevo ministro de la Cultura, Héctor Soto?
-No conozco al nuevo ministro de la Cultura. Lo he venido a ver ahora cuando ha aparecido, y se dice que es veterinario de profesión, lo cual se presta para algunos comentarios humorísticos, reales o no, pero es la forma como la gente expresa su punto de vista. En el sector oficial de la cultura debe habérsele considerado como alguien que ya estaba entrenado como para seguir -y lo ha dicho públicamente- lo que ha venido haciendo Francisco Sesto. ¿Qué se puede esperar de esto? Lo que sí creo es que a otros militantes de la cultura oficial, pero que sí son gente que escriben, o son de las artes plásticas, la música, el teatro les debe llamar la atención que se les haya ignorado.
-¿Trabajar por una cultura popular o por una elitesca?
-No me cansaré de decir que la cultura no es ni elitesca ni popular: la cultura es una sola. En todo caso, los elitescos somos los receptores de la cultura. Si yo me he formado en artes plásticas, cuando vaya a un museo le sacaré un mayor provecho a eso. Otra persona que no haya estudiado, puede que llegue a admirar aquellas obras de arte pero lo hará de una manera empírica. Hay quienes hacen cultura para los receptores cultos y los menos, pero la cultura es un solo fenómeno y hay que apoyarlo en su totalidad.
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| Fecha publicada: 30/06/2008 Fuente: El Universal Tema: cultura
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