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¿50%? ¿70%? ¿Dos tercios? ¿80%? Sea uno de estos el porcentaje, incluso una cifra distinta, lo cierto es que se reconoce unánimemente que el componente de alimentos importados en la dieta diaria de la familia venezolana es sensiblemente alto. Esto comprende cereales como el maíz y el arroz que se producen en buena parte de las tierras de labranza del país, por ejemplo, las extensas áreas del llano, cuya potencialidad en la producción de alimentos de origen animal y vegetal representa la esperanza para superar la situación de dependencia agroalimentaria. Todo horizonte abierto a la esperanza, como escribió Gallegos, el llano contiene la certeza de realizar el sueño tan venezolano de poder decir un día: las arepas con que se alimenta nuestro pueblo son auténticamente venezolanas.
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Magnífica la iniciativa del presidente Chávez, en el contexto de la aplicación de las 3R (revisión, rectificación, reimpulso revolucionario), del reimpulso productivo en la perspectiva de acelerar el crecimiento de la economía, especialmente en la producción de alimentos. Todo un acierto la eliminación del impuesto a las transacciones financieras, que debería expresarse en una reducción de los precios de insumos básicos en la agricultura y la ganadería como herbicidas, pesticidas, semillas, vacunas... Certera y oportuna la directriz del alivio de deuda que pronto se concretará en un decreto con rango y fuerza de ley promulgado en el marco de la Habilitante como forma de viabilizar un refinanciamiento en el agro, cuyo impacto se ha de traducir en un incremento de la inversión de capital en la producción de cereales, frutas, leguminosas, carne, leche, el cual ya tiene mercado seguro a precios justos gracias a la conexión de las redes de Pdval y Mercal con los productores agropecuarios.
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Pero el reimpulso productivo en la agricultura y la ganadería demanda también inversión urgente en infraestructura, así como respuestas en el ámbito de la seguridad personal y jurídica. Por ejemplo, en Guárico, estado granero de Venezuela, es una calamidad el abandono de las carreteras agrícolas e incluso muchas troncales. Vergonzoso resulta que carreteras de asfalto, claves para el transporte de cereales, ganado, etcétera, por la falta de mantenimiento, hoy sean de tierra y, en consecuencia, intransitables en época de lluvia. Frente a este drama el gobierno regional actúa como Poncio Pilatos: se lava las manos. Razón tiene el presidente Chávez al ordenarle a Pdvsa meterle la mano a las carreteras guariqueñas, en conjunto con el Ministerio de Infraestructura. A partir de noviembre ya no estarán solos Minfra y Pdvsa en la lucha por rescatar las vías en Guárico, también estará presente el nuevo gobierno regional con un trato ganar ganar: Pdvsa pone el asfalto, Minfra y la Gobernación ponen la maquinaria y la mano de obra. Urge el desarrollo de un sistema de riego en todo el Guárico que permita a los productores tener una cosecha en verano, además de la que se logra en invierno. De este modo, una hectárea que hoy produce en promedio 3.200 kilos de maíz al año, producirá 6.200. Este sistema de riego no requiere nuevos grandes embalses, el secreto es perforar pozos aprovechando el mar de agua dulce contenido en buena parte del subsuelo guariqueño. Así mismo, es necesaria la refundación de la policía regional para combatir con eficiencia el delito y brindarle seguridad a la familia guariqueña. De idéntica manera, se impone optimizar los mecanismos de revisión de la cadena titulativa para comunicar seguridad jurídica, es decir, confianza entre los agroproductores pequeños, medianos y grandes. REGRESAR |
| Fecha publicada: 30/06/2008 Fuente: El Nacional Tema: comida
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