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Todavía nadie ve películas, pero el cine Rialto, abandonado por décadas y luego sometido a una restauración que duró tres años, al menos abre la santamaría. Esta semana se mudó al local el equipo de trabajo del Instituto Metropolitano de Patrimonio Cultural, ente que se encargó de la recuperación del lugar, tras la expropiación del inmueble que hizo la Alcaldía Metropolitana en 2005.
Fabiola Velasco, presidenta del instituto, explicó que aún faltan áreas por acondicionar, como la amplia sala de proyecciones -que se limpió y de la que se removió todo el material acústico podrido-, que actualmente usan para guardar los escombros mientras los trasladan a los botaderos autorizados.
Han hecho 25 fumigaciones para sanear el lugar, que estuvo abandonado por 12 años, y que estaba convertido en un botadero de basura en el que vivían indigentes. También queda pendiente la restauración del último piso del edificio. El primer y segundo nivel están acondicionados. El ente del patrimonio compartirá el edificio con el Instituto Metropolitano de Historia.
La amplia sala de proyecciones, con balcón y aforo para 400 personas, esconde el esplendor que tuvo en otras décadas. Un marco de madera rodea el lugar de la pantalla de proyección, o lo que también funcionó como escenario para obras del antiguo Teatro La Princesa. Además, una hermosa escalera que da acceso a la sala, un piso de granito con dibujos y techos con molduras que permiten que la luz se asome, son parte de los detalles de este edificio moderno.
En el inmueble, proyectado por el arquitecto Alejandro Chataing, funcionó desde 1917 la primera sala de proyecciones de Caracas; en 1943 cambió su nombre a Teatro Rialto.
Recuperar este lugar quedará pendiente para las nuevas autoridades, que deberán trabajar con otros presupuestos. En la primera y segunda etapa del proyecto se han invertido 7,2 millones de bolívares.
La oficina de Velasco tiene un testigo del pasado de la construcción: una pared sin friso muestra épocas en las que se construía aglomerando piedras, y otras, posteriores, en las que se incorporó el ladrillo cocido.
En la planta baja de la edificación hay otro vestigio del pasado. Carmen de Negrín sigue reventando granos de maíz a punta de aceite caliente, para vender las cotufas que acompañan a los cinéfilos. En alguna Semana Santa de las que han transcurrido en los 41 años que lleva en el lugar vio la película Los diez mandamientos.
Como parte del proyecto de recuperación se prevé que Negrín provea las golosinas para el cine; para eso se remodeló su pequeño local. Donde antes funcionaba un restaurante, otorgarán una concesión para instalar un agradable café con vista a la plaza Bolívar. REGRESAR |
| Fecha publicada: 03/07/2008 Fuente: El Nacional Tema: bienes
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