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La inflación es, sin duda, uno de los principales problemas económicos de los venezolanos. El crecimiento de los precios reduce la capacidad de compra de nuestro ingreso, nos hace más pobres mes a mes, y golpea más en tanto el ingreso se destina al consumo cotidiano. Por ello, golpea más fuerte a las personas de bajos ingresos, a quienes el salario se les va en pagar alimentos, transporte y otros gastos del hogar. Sólo entre mayo de 2007 y mayo de 2008, las personas que habitan en Caracas han sufrido incrementos de precios de los alimentos de un promedio de 49%, 35% en bienes y servicios para el mantenimiento del hogar y 32% en transporte. Esto lo sabe el Gobierno y le preocupa.
La inflación es una alarma que se activa cada vez que vamos al mercado y suele convertirse en descontento y en desilusión, con un costo electoral asociado. Cada vez es más difícil votar por un gobierno que no logra evitar que nos empobrezcamos.
Los hechos se han encargado de enseñarle al Gobierno que los precios crecen no por conspiraciones sino por los efectos de políticas concretas.
En noviembre de 2007 entró en vigencia el impuesto a las transacciones financieras de las empresas (ITF) y el dólar alcanzó su cotización más alta en el mercado no oficial. En correspondencia los precios se dispararon: entre octubre de 2006 y octubre de 2007 la inflación promedio de cada mes en Caracas, anualizada, fue 17,5%; entre noviembre y mayo de 2008 ha sido 26,1%, con tendencia al alza.
El Gobierno se dio cuenta del cambio a partir de noviembre y comprendió los efectos del ITF y del valor del dólar paralelo. Entre enero y junio de 2008 el tipo de cambio paralelo ha caído 45% y en junio fue eliminado el ITF. La inflación respondió al incremento del dólar paralelo y a la introducción del ITF, el año pasado, pero no responde a la caída del paralelo ni a la eliminación del ITF de este año.
Una explicación es que el consumo crece tanto que compensa las reducciones de costos por menor tipo de cambio paralelo y por la eliminación del ITF, haciendo que los precios no cedan.
Otra explicación es que el público no cree que estas reducciones sean sostenibles. Puede que no se crea que el tipo de cambio paralelo se mantendrá tan bajo como ahora, a la hora de reponer inventarios importados. Puede que se sospeche que así como el Gobierno intempestivamente introdujo el ITF en noviembre pasado, pueda hacer algo similar en cualquier momento. REGRESAR |
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