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Primero era dentro de los vagones, justo al lado de las puertas. Luego invadieron algunas paredes, columnas, carteleras. Pero ahora están hasta en el techo. La publicidad también viaja en el subterráneo y genera controversias.
Algunos lo aplauden y otros piden que se deje el bombardeo.
Medicamentos de todo tipo, marcas de comidas, bebidas, desodorantes, empresas de telefonía y obras gubernamentales tienen empapelado el Metro. Hay vagones rotulados por fuera y por dentro, otros sólo en el techo o en las puertas.
Hay usuarios que dicen sentirse atosigados con las figuras letras y colores que los persiguen en algunos trenes. Para otros la publicidad es un elemento de distracción durante la espera y agradecen la información.
Sin embargo, sus efectos van más allá de la captación de un público diverso por parte de cada marca. Por ejemplo, Alexander Aranguren envió el siguiente mensaje a la sección Date ahí de este periódico: 'Señores del Metro, retiren toda la publicidad en ventanas y puertas porque los asaltos ocurren en trenes forrados de propaganda'. En horas pico la estación Plaza Venezuela exhibe toda la gama.
Bernardino Herrera, del Instituto de Investigaciones de la Comunicación, Ininco, comenta que por el Metro transita más de un millón y medio de personas a diario y esto lo convierte en un espacio ideal para publicitar, y le permite percibir ganancias para mantener y mejorar el servicio. Sin embargo, cuando la publicidad es de un mismo tema, estilo y colores, agobia, genera una especie de 'efecto dentera' y llega a ser invasivo. Esto ocurre con los mensajes gubernamentales.
En el caso de los anuncios comerciales, por ser productos, mensajes y colores diversos, genera un equilibrio y no se percibe como repetitiva. Este tipo de publicidad no es dañina, más bien funge como un servicio público. REGRESAR |
| Fecha publicada: 04/07/2008 Fuente: Últimas Noticias Tema: publicidad
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