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No más casitas de barro, pirañas disecadas, guacamayas de madera ni maraquitas de miniatura. El souvenir venezolano decidió reinventarse.
Las nuevas ideas, agrupadas en la exposición Identidad para llevar, se estarán mostrando en el museo Carlos Cruz Diez a partir de hoy. Son objetos tan curiosos que captan fácilmente la mirada y arrancan sonrisas, como la taza con tres asas dispares; traen recuerdos, como la minipiñata repleta de juguetes, otros que provocan ponérselos, como el híbrido de liquiliqui y franela.
Los creadores son jóvenes venezolanos agrupados en cuatro colectivos de diseño. La iniciativa partió, según cuenta Auramarina Lazarde, gerente de Arte del British Council, de la directiva de esa institución que se percató de que los souvenir se han repetido por años, en todas partes del mundo y decidieron convocar, a nivel global, talleres de diseño para remozarlos. En Venezuela, el proyecto lo lideraron Lazarde y la diseñadora Teresa Mulet, quien los orientó desde la idea hasta concretarse el producto, en los casos que se logró. En la exposición se muestran todos las fases de los inventos.
El taller derivó en cinco colectivos de diseñadores. Cuatro de ellos lograron concretar, a diversos niveles, sus ideas. El colectivo Burda, expondrá un original budare que estampa la palabra 'arepa' sobre cualquier alimento (masa, carne o pescado) y puede colocarse como adorno. Además, viene con un recetario que se cuelga en la nevera imitando los cartelitos de los autobusetes, con la descripción de la pelúa, la catira, la llanera o la reina pepeada. También diseñaron un típico liquiliqui en color crudo y tres bolsillos, pero en tela de franela.
El colectivo Contraste se dejó llevar por la nostalgia e inventaron la 'piñata de un minuto', con sus juguetes adentro, para que cualquiera la rompa rápidamente y reviva emociones infantiles. Además, crearon un papel de regalo que imita la hechura de las piñatas, con el papel de seda de colores.
Diversidad es el nombre del colectivo que mejor representó su propio concepto. Según explican Adriana Genel y Ricardo Báez, la idea era mostrar, en un solo objeto, lo multicultural que es Venezuela. El resultado fue una taza de tres asas, algunas distintas y otras volteadas.
Chévere, éste se ocupó de crear postales que revelen, a los turistas, una idea distinta de la idiosincrasia y sugieran lugares interesantes que visitar, aunque no sean turísticos.
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| Fecha publicada: 10/07/2008 Fuente: El Universal Tema: cultura
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