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Hay una realidad que no se puede ocultar: beber refrescos produce una sensación placentera; su dulce sabor es irresistible. En millones de mesas alrededor del mundo, en las loncheras y hasta en las fiestas son los acompañantes indispensables.
Pero el consumo desmedido de estas bebidas gaseosas es un detonante para la producción excesiva de insulina, que con el tiempo puede conducir a un agotamiento del páncreas y con ello provocar la aparición de daños cardiovasculares.
Irene Stulin, del Servicio de Endocrinología del Hospital Vargas, comenta que 'todos los alimentos que tienen azúcar muy refinada hacen daño; son alimentos hiperglicemiantes'. Dice que dentro del grupo entran 'las meriendas de los niños, los chocolates, los helados y en general las chucherías'. Pero a ello hay que sumarle, dice la endocrinóloga, el ritmo de vida que se lleva hoy en día, especialmente en edades tempranas: 'Los niños ahora son más sedentarios, se la pasan mucho tiempo dedicados a sus videojuegos; casi no hacen ejercicios. Eso está provocando que los niveles de insulina sean cada día más alarmantes y estamos viendo a niños y a adolescentes con diabates tipo 2, que antes estaba asociada con personas mayores. Ahora se está expresando en personas a partir de los 12 años por el consumo excesivo de alimentos con azúcar refinada'.
La alternativa, de acuerdo con Stulin, aparte de incluir el ejercicio en la vida diaria, está en sustituir los refrescos con jugos naturales sin azúcar ni edulcorantes, leche, frutas y agua. REGRESAR |
| Fecha publicada: 18/07/2008 Fuente: El Universal Tema: salud
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