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Un buque británico interceptó al pesquero Doña Antonieta I, de bandera venezolana, a 1.272 millas de distancia al noreste de Sucre. Los reportes oficiales indican que salió de Venezuela y transportaba 3,3 toneladas de cocaína con destino desconocido. La respuesta de las autoridades venezolanas a la solicitud de abordaje -de acuerdo con los informes de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial del Comando Sur de Estados Unidos- tardó 27 horas.
El caso -de octubre de 2007- es sólo uno de los ejemplos sobre cómo se ejecuta la cooperación antidrogas en alta mar.
El contralmirante Joseph Nimmich, jefe de la fuerza, afirma que el plazo de reacción puede ser más corto. 'Hemos procesado peticiones con países aliados en períodos de cuatro horas, por ejemplo. Un día es un tiempo largo', apunta el funcionario al responder la pregunta durante una presentación que realizó el martes en la sede de la unidad en Key West, Florida. El grupo rastrea los aviones y barcos sospechosos de cargar drogas desde Suramérica a través del mar Caribe y del océano Pacífico oriental, con el propósito de facilitar la interceptación por parte de las fuerzas militares y policiales. En la Jiaft -siglas en inglés que identifican a la organización- hay oficiales de enlace de 11 países latinoamericanos y europeos entre los que está el Reino Unido.
Un lazo vigente.
A pesar de la observación de Nimmich, los funcionarios de la fuerza de tarea reconocen que el trabajo naval aún forma parte de las áreas de cooperación en las que coinciden Venezuela y Estados Unidos. Una colaboración que llegó a su punto mínimo a partir de 2005, cuando se dieron por terminados los trabajos con funcionarios de la DEA -oficina antidrogas norteamericana-, quienes fueron acusados por le gobierno de Hugo Chávez de espionaje. La Embajada de Washington en Caracas, por ejemplo, difundió a principios de julio una nota de prensa en la cual se mencionaba el caso de la lancha deportiva venezolana La Niña, también localizada por un buque inglés en aguas de Barbados. Se logró un decomiso de 1.250 toneladas de drogas, una vez que fue autorizado el registro de la embarcación. Los resultados de la operación fueron descritos con las siguientes palabras por los diplomáticos: 'Estados Unidos aplaude este esfuerzo internacional para bloquear el flujo de drogas que sale de Venezuela y espera que los presuntos narcotraficantes se enfrenten a la justicia. A través de la cooperación podemos proteger a los ciudadanos de la producción ilegal, tráfico y consumo de drogas'. Los detenidos y la carga fueron finalmente entregados a funcionarios venezolanos.
Las estadísticas de la Oficina Nacional Antidrogas de Venezuela refieren que, durante 2007, se incautaron aproximadamente 11 toneladas de cocaína en barcos, puertos y yates. La cantidad es equivalente a casi la quinta parte de ese tipo de droga recuperada por las fuerzas del orden del país el año pasado. En 2006, los decomisos fueron de 13,2 toneladas en aguas internacionales, embarcaciones y puertos venezolanos. El viernes se intentó contactar a Néstor Reverol, presidente de la institución, para consultarle sobre los esfuerzos de las autoridades en la interdicción de cargamentos de drogas, pero se encontraba de comisión.
Escurridizos.
La tecnología empleada por los narcotraficantes para controlar las aguas ha avanzado. Los denominados 'semisumergibles' reflejan la evolución. Se trata de un híbrido entre una lancha y un submarino que navega parcialmente hundido en el agua.
Eso dificulta su localización visual y con ayudas de radares.
Un aparato de esa naturaleza puede cargar hasta 12 toneladas de drogas en rutas que pueden ir desde la Costa Pacífica colombiana hasta América Central. Los datos del Comando Sur precisan que la cooperación con otros países de la región ha permitido detectar 40 aparatos semejantes desde inicios de 2007. Los delincuentes deciden hundirlo -y hacer desaparecer las evidencias- cuando se ven descubiertos por las autoridades.
'Nos enteramos de su existencia por informes de inteligencia y no dábamos crédito a esto cuando nos dijeron por primera vez', explica Shanne Hoffman, analista que trabaja para la Jiaft y que también laboró en el país.
Los aparatos han sido utilizados en las rutas de la droga del Pacífico oriental, y el Comando Sur no tiene noticias de su empleo en el mar Caribe. Pero la incautación en la Guajira región fronteriza con Venezuelade un semisumergible ha causado alerta. Fue encontrado por el Ejército colombiano con 10 toneladas de drogas y estaba listo para zarpar. 'Esto nos ha llamado la atención', expresa el contralmirante Nimmich. Las embarcaciones se fabrican en la selva colombiana, en áreas cercanas a ríos o en lugares que permitan desembocar en zonas costeras.
El Tiempo de Bogotá reportó la detención de Humberto Cuevas Salazar, un ingeniero y efectivo de la Fuerza Aérea que estaba relacionado con la construcción de las flotas al servicio del tráfico de drogas. En el artículo se afirmaba que la tecnología naval de los capos colombianos había hecho descender el número de incautaciones de la Guardia Costera de Estados Unidos. El último semisumergible fue localizado por las fuerzas mexicanas esta semana.
Rutas marinas.
La mayor parte del narcotráfico marítimo relacionado con Venezuela está asociado a la demanda del mercado europeo. Según los datos del Jiaft, la mayor parte de los cargamentos tenía como destino España. El año pasado se contaron 52 eventos que se tradujeron en el tránsito de 79 toneladas de cocaína en barcos de bandera venezolana o que partieron desde el territorio nacional. Se trata de un incremento de 19 toneladas en comparación con 2006 y se equipara con la cantidad reportada en 2005. El uso de cocaína líquida en embarcaciones es una modalidad de aplicación reciente que ha abierto otras posibilidades de camuflar la droga. Reverol informó en enero sobre una investigación en Venezuela luego de que se descubrió en Portugal un barco procedente de Maracaibo con 1,7 toneladas del producto ilegal escondidas en entre 49 toneladas de pulpo.
A través de las rutas marítimas no se transporta una cantidad de droga semejante a la que se carga en aeronaves que despegan desde el territorio venezolano. Los militares y funcionarios antidrogas estadounidenses creen que, a pesar de las diferencias entre Caracas y Washington, ha habido ejemplos concretos de cooperación naval que han dado resultados. REGRESAR |
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