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Una imagen de 1942 muestra el punto de inflexión, de no retorno, el antes y el después, el momento que enterraba el bucólico pasado y abría la puerta para que entrase el desenfrenado futuro, el fin de los techos rojos y de la inocencia, el comienzo de la modernidad y del progreso pero también del caos: el presidente Isaías Medina, pico en mano, asesta el primer golpe a una de las casas del barrio El Silencio, que luego sería sustituido por el proyecto urbanístico de Carlos Raúl Villanueva.
El propio arquitecto se lamentaría después de haber ayudado a producir aquella ola que se llevaría por el medio a todo el centro histórico de Caracas, tal y como el físico norteamericano Robert Oppenheimer se arrepintió de haber trabajado en el proyecto Manhattan, que daría origen a la bomba atómica.
Eso, una bomba atómica, es lo que parece que hubiera caído en algún momento sobre la Caracas colonial, de la que apenas quedan algunos rastros. Y en eso, como en tantas cosas, tuvo que ver el dinero del petróleo.
Hannia Gómez, presidenta de la Fundación para la Memoria Urbana, cuenta que a partir de la muerte de Gómez empezó un cambio radical de casas viejas por edificios, pues entró mucho dinero y todo el que tenía un terreno quería especular con él. Era una época cuando no sólo no existía conciencia de preservación, sino que además había un complejo de inferioridad ante otras ciudades latinoamericanas, porque Caracas no tenía tantas iglesias y casonas como las demás capitales de la región.
Como compensación por una arquitectura colonial que apenas existe, la Caracas de hoy, en opinión de Gómez, está signada por la llamada arquitectura moderna (mediados del siglo XX). 'El modernismo (que dio origen al Parque del Este, el Centro Simón Bolívar, la Ciudad Universitaria, el Humboldt, las urbanizaciones de los 50...), esa idea de progreso plasmada en lo material es lo que vienen a buscar aquí los turistas de arquitectura, no lo colonial ni lo federal o del siglo XIX, pues hay ciudades más ricas en ese aspecto'.
Internacional y ecléctica
Arturo Almandoz, urbanista y profesor de Historia Urbana en la Universidad Simón Bolívar, cree que si tuviera que utilizar un solo término para definir la arquitectura de la ciudad diría: 'internacional'. 'Es moderna, ecléctica, pues la inmigración fue muy fuerte. Aunque una modernidad muy deteriorada'.
La silueta arquitectónica de la ciudad se alcanzó para Almendoz hacia mediados del siglo XX, y de los últimos años rescataría la renovación del metro en los años ochenta con algunas estaciones muy logradas (La Hoyada, por ejemplo, hoy tan descuidada) y algunos centros comerciales que se integran con la calle: el de Chacaíto primero y el San Ignacio después.
Expansión desmedida
El arquitecto Frank Alcock cuenta que en algún momento hubo proyectos para el crecimiento de Caracas (el plan Rotival de cuando López Contreras, por ejemplo), y que la expansión se hizo conquistando espacios con nuevas urbanizaciones: el Campo Alegre de Manuel Mujica Millán, la Altamira de Luis Roche, Las Mercedes y El Cafetal de Gustavo San Román.
Para él lo que hoy predomina es el caos, la economía sobre la arquitectura: 'Aquí lo que preocupa a los promotores es vender, no el estilo arquitectónico'.
También la idea de caos lo da ese 40% no urbanizado en donde vive la mitad de la población: los barrios. No en balde, de diez casas que existen en Caracas, siete fueron autoconstruidas.
Cuando se le pregunta a Alcock sobre el patrimonio urbanístico más importante, menciona el Ávila. Luego, como potencial, La Carlota,'pues la gran transformación que esta ciudad pide a gritos pasaría por ahí'. REGRESAR |
| Fecha publicada: 26/07/2008 Fuente: El Universal Tema: bienes
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