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Frangel, a los 17 años de edad, intentó conseguir trabajo por segunda vez en el área de mantenimiento de varios centros comerciales o como anfitrión en tiendas de comida rápida.
Al final, sólo consiguió ser empaquetador en un supermercado. 'Busqué en varias partes pero no me llamaron', dijo.
Para un joven como él, que vive en un barrio popular, recibir diariamente entre 80 y 100 bolívares fuertes en propinas es una suma alta, pero con una familia de 6 miembros el dinero no alcanza. Además, no tiene Seguro Social y cubre una jornada de hasta 9 horas diarias.
Las dificultades con las que se encontró Frangel al tratar de incorporarse al mercado laboral se repiten diariamente en los países latinoamericanos, donde el segmento juvenil registra las más altas tasas de desempleo. Se trata de un problema relacionado con la capacidad que tengan las economías de abrir nuevas oportunidades de trabajo. De acuerdo con el informe Panorama laboral 2007 de la organización Internacional del Trabajo, la desocupación en América Latina y el Caribe alcanzó 8,5%, pero el indicador en los jóvenes fue el doble, equivalente a 2,8 millones de muchachos.
Anderson, de 14 años de edad, decidió trabajar por primera vez como empaquetador en un supermercado, con la autorización de sus padres.
'Aprovecho las vacaciones para ganarme un dinerito extra', comenta. Este estudiante de octavo grado de educación básica espera ayudar 'en algo' a su familia de 5 miembros.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística revelan que en junio la mayor tasa de desempleo (14,6%) estaba en la población entre 15 y 24 años de edad. Las razones, según la socióloga del Centro de Documentación y de Investigaciones Económicas, Isabel Pereira, son la poca inversión en áreas productivas, el cerco al sector privado, la alta rotación, los salarios bajos y ausencia de programas laborales.
Un estudio de Empléate.com indica que 54% de la oferta de trabajo está dirigida a personas en edades comprendidas entre 26 y 35 años. Los aspirantes deben tener instrucción universitaria (41%) o ser técnico superior universitario (31%).
'Si no se dan cambios en la política laboral del Gobierno, los jóvenes de los estratos más pobres seguirán dentro de los mayores índices de desempleo', advierte Alfredo Padilla, de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios que impulsa el Instituto Nacional de Estudios Sindicales.
En estos sectores, los hijos deben trabajar desde temprana edad para ayudar en el sostén del hogar que -bajo la cabeza de familia la madrepadre- subsiste a duras penas.
'A los muchachos no les queda otra opción que abandonar la escuela e ir guapeando', señala Padilla.
Agrega que el sector privado tiene su cuota de responsabilidad en el desempleo juvenil: debe cambiar el concepto de la responsabilidad social de la ayuda exclusivamente económica por el de la responsabilidad socio-productiva. El objetivo es tenderle la mano a los jóvenes de las comunidades a través de pasantías en las fábricas y comercios, y luego contratarlos.
¿Puras intenciones?
Una de las banderas de la campaña electoral de Hugo Chávez fue combatir el desempleo juvenil. En su programa de gobierno expuso que la deserción escolar y la desocupación eran los mayores retos de los próximos años. Prometió suscribir convenios entre empresarios y centros formadores para insertar a los jóvenes en los procesos productivos y la promoción de empresas juveniles en áreas como el turismo y recreación.
Hasta ahora, más que mostrar los resultados de gestión, el Presidente anuncia cambios de nombre en las misiones orientadas a incluir a los jóvenes en el mundo del trabajo. El ministro de la Economía Comunal y presidente del Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialistas, Pedro Morejón, asegura que el programa líder Che Guevara Misión Socialista del Inces ha capacitado a más de 3 millones de venezolanos y que muchos de ellos son jóvenes. Pero no precisó cifras.
Sin embargo, Padilla considera que los programas de capacitación laboral se miden no por intenciones sino por resultados y, hasta el momento, han desatendido a los jóvenes.
Isabel Pereira opina que las misiones capacitan para oficios no prioritarios, lo cual dificulta el ingreso de los jóvenes al mercado de trabajo. Recuerda que en el otrora INCE se aplicaba un programa para personas que no estudiaban ni trabajaban. 'Para ese entonces, 2 millones de personas no realizaban actividad estudiantil ni laboral. Creemos que esa cifra se ha incrementado'.
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| Fecha publicada: 27/07/2008 Fuente: El Nacional Tema: empleo
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