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Hay personajes que a nadie dejan indiferente. Cuando se menciona a empresarios famosos por ser los más adinerados del mundo es inevitable la controversia. En la Venezuela de hace pocos años referirse a los incluidos en la lista de la revista Fortune seguramente evocaría en la gente una gama de sentimientos: desde la admiración hasta la malsana envidia. Pero en la época del paradójico socialismo petrolero bolivariano, tan lleno de insultantes contradicciones, se ha impartido como clave ideológica que la riqueza es maligna y que aquellos que la disfrutan deben ser despreciados.
Así que es posible que hoy los jefes de corporaciones como Microsoft o Telmex, quienes se disputan el primer lugar entre los más ricos del mundo, sean objeto del odio puro y duro, por principios, de algunos venezolanos. Es lo que propone la manipulación ideológica.
Pero ¿son más ricos y poderosos estos personajes que los administradores de la inmensa riqueza petrolera venezolana? Veamos por ejemplo esta frase: 'No. Yo se lo compro, dígame cuánto vale que se lo pago'. Es lo que el presidente Hugo Chávez dice que respondió cuando fue informado de la operación de venta del Banco de Venezuela, propiedad del Grupo Santander, valorado, de acuerdo con informes, en cerca de 1.200 millones de dólares.
Es difícil imaginar que alguna vez escucharemos esto de un magnate como Bill Gates, porque está obligado a rendir cuentas precisas de la administración de los fondos privados de sus miles de accionistas. Es diferente el caso de la riqueza petrolera, de la que se dispone de forma olímpica y personal ('dígame cuánto cuesta, que se lo pago') sin rendir cuentas a sus verdaderos dueños, los venezolanos. ¿Quién es más rico y poderoso entonces? REGRESAR |
| Fecha publicada: 06/08/2008 Fuente: El Nacional Tema: petroleo
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