La inseguridad sigue siendo el principal problema que afrontan los ciudadanos en la región andina. En Táchira, la media de muertes por arma de fuego se ubica en 30 asesinatos al mes, independientemente de que se trate de sicariato, ajustes de cuentas, venganza o rivalidad entre bandas. Organizaciones que agrupan a familiares de víctimas de este tipo de violencia han denunciado en reiteradas oportunidades que un asesino a sueldo puede cobrar desde 50 bolívares fuertes.
La criminalidad ha superado a la industria del secuestro. En la entidad fronteriza permanecen en cautiverio al menos 24 personas desde el año 2002.
Estos hechos han sido perpetrados por organizaciones guerrilleras y grupos del hampa organizada que cuentan con la logística suficiente para tomar rehenes, mantenerlos en cautiverio y negociar su liberación.
Problemas en el mantenimiento de la vialidad, deficiencia en los servicios de salud, electricidad y agua, son puntos que se mantienen sin honores en el Táchira.
En la entidad merideña, la criminalidad y los secuestros han conseguido espacios en la tierra llana y en las cercanías del sur del Lago de Maracaibo, a lo cual se suman los atracos y robos de vehículos y residencias.
Asimismo, según refieren analistas en ese estado, el desempleo se ha ubicado en el más alto porcentaje en los últimos dos años.
La industria del turismo se vio duramente golpeada con el cierre indefinido del Teleférico de Mérida, principal atracción de la entidad, que generaba recursos no sólo para la institución administradora del sistema trasbordador más largo del mundo, sino para los operadores turísticos que entre sus paquetes incluían su visita. A pesar de la gran afluencia de turistas, en Mérida no hay una infraestructura que albergue masivamente a los visitantes, sobre todo en temporada alta.
En materia de vivienda, además del déficit de soluciones habitacionales, en la Ciudad Emeritense, capital del estado, este problema su suma a la falta de espacios aptos para construir desarrollos residenciales.
En Trujillo, el aumento de armas de fuego en manos de jóvenes junto con la distribución y venta de drogas han contribuido al incremento de delitos en la entidad.
Según analistas, los integrantes de los cuerpos de seguridad son insuficientes para dominar la delincuencia, que se compara con las zonas rojas de la capital de la República.
La gobernación y las alcaldías son las principales empleadoras en Trujillo. A falta de plazas de trabajo ha proliferado el buhonerismo y el alquiler de teléfonos. El servicio de agua es deficiente, al igual que la asistencia médica en los centros públicos de salud que funcionan de manera precaria. REGRESAR |