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La eliminatoria suramericana permite percibir la intensidad con la que se vive el fútbol en cada uno de los diez países miembros de la Conmebol, y los vaivenes de la fe que sus aficiones experimentan. En Lima, apenas al dar los primeros pasos por la ciudad, se nota que no hay crédito alguno para la selección local. Los periódicos lo dicen, la gente lo repite en la calle y para cualquiera que no sea peruano la frase resulta inusualmente drástica: 'Venezuela gana este partido'. Aparte del respeto que se ha ganado la Vinotinto en los últimos años, la seguridad del pueblo peruano en que el desastre de equipo que han tenido en este premundial continuará haciendo un papel deficiente, es total.
Nadie se salva de la quema: el criticado e inmisericordemente insultado presidente de la Federación Peruana de Fútbol, Manuel Burga; el aislado seleccionador José Guillermo 'Chemo' Del Solar; las apartadas estrellas Jefferson Farfán y Claudio Pizarro; y el resto de los jugadores que pagan por los pecadores que perpetúan (con razón) el estigma de fiestero e indisciplinado del futbolista incaico.
Es tan grave la situación, que en la redacción del diario deportivo Líbero aseguran que el receso del torneo local por la eliminatoria por primera vez los afecta, porque la gente prefiere concentrarse en sus equipos y no con la selección.
Venezuela nunca ha ganado en Lima, pero aquí todos esperan que eso suceda.
Tal seguridad difícilmente se podía sentir en suelo venezolano, excepto por el propio combinado nacional y su técnico César Farías, que buscarán darle la razón a todo Perú.
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| Fecha publicada: 03/09/2008 Fuente: El Nacional Tema: deportes
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