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No conozco la Villa del Cine y sin embargo pasé buena parte de mi vida soñando con ella, tratando de hacerla posible. En una ocasión, intentamos convencer a su gobernador de que Mérida estaba llamada a ser la Ciudad del Cine, no sólo por los festivales que allí tenían lugar sino por la actividad que desplegaba entonces el Departamento de Cine de la ULA y todavía hoy la Escuela de Medios Audiovisuales. Se pensó también en Margarita pero tampoco se logró, y ahora que existe la Villa con un sólido piso político y financiero que le ha permitido colocarse en la envidiable disposición de hacer cine, no he recibido nunca la invitación para visitarla; no con interés turístico ni de merodeador o ánimo fisgón sino como el hombre de cine que soy, interesado en conocer sus instalaciones, conversar con sus autoridades, asistir a una filmación.
Sobre todo si se considera que he permanecido en todo momento en primera fila a la hora de batallar por la continuidad y existencia de nuestro cine y de mantener una solidaridad a toda prueba con el gremio.
Al país cultural y cinematográfico le consta que mi vida, con sus glorias y miserias, ha estado dedicada al cine y, muy en particular, al cine nacional. Me tocó participar en la creación de sus asociaciones; en la larga lucha por la Ley de Cine y en muchos festivales internacionales en los que defendí como jurado nuestras películas
No quisiera pensar que la oprobiosa lista Tascón y la actual y persistente marejada de exclusión y de intolerancia que padece el país me hayan convertido, frente al Cnac, la Villa o el propio Ministerio de la Cultura, en aquel patético y desafortunado hombre invisible creado por James Whale en 1933 y se me coloque en la categoría de 'paria'. El hecho de que El Caracazo de Román Chalbaud me haya parecido un fracaso; que considere como egolátrico oportunismo que el ministro de Cultura se haga valer para que la Villa realice una ya olvidada película sobre un texto suyo, o considere que Comando X lleve al delirio maniqueo la desventurada afirmación de que por disentir, seamos ahora los malos de la película, apátridas, fascistas y adoradores del satánico imperio Bush, no justifica la exclusión, la invisibilidad, el no ser, el no estar.
En este sentido, soy otra víctima del 'socialismo del siglo XXI'. Y sin embargo, en su momento saludé la presencia de la Villa y su propósito de mantener un volumen de producción razonable; aplaudí la incorporación de nuevos cineastas, encontré satisfactoria la creación de redes de distribución de las películas. Pero no dejo de deplorar el camino único que sigue; su empeño en hacer un mal cine de encargo, oficialista; de marcar el rumbo ideológico excluyente e intolerante que allí se evidencia. Creo que no hay nada qué hacer. Ya no hay invitación posible. Adiós, Villa ¡que te vaya bien! REGRESAR |
| Fecha publicada: 08/09/2008 Fuente: El Mundo Tema: cultura
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