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'Adiós luz que te apagaste' es un adagio popular que antes los venezolanos utilizábamos para echar broma, para terminar relaciones personales, entre otras. Ahora, lamentablemente, no la utilizamos sino que la vivimos en carne propia ya que en Venezuela se convirtió en una costumbre en este último año los apagones generalizados en toda la geografía nacional, sin explicación alguna.
Queda de nuevo demostrado que un Estado dueño de todo es ineficiente e incapaz de dar calidad de vida. Desde que la revolución le puso la mano (¿la garra?) al sector eléctrico se ha perdido profesionalismo, operatividad y mantenimiento del sector.
La pregunta es cómo es posible que en un país petrolero, con los caudalosos ríos que generan una actividad eléctrica extraordinaria como la emanada en El Guri, podamos estar padeciendo de tantas fallas eléctricas.
La estatización va en contra de los ciudadanos, no sólo por lo que representa en términos de violación flagrante a la propiedad privada, sino en lo que respecta a nuestra calidad de vida. Un Estado todo poderoso es un Estado inútil; un Estado que controla todo es un Estado que nos hace infelices, pero peor aún es un Estado que se coloca a espaldas de la gente.
Cuando era más joven, en el colegio me enseñaron que Venezuela tenía tal capacidad eléctrica que podía dar luz a casi todo el continente, y ahora lo que uno puede ver es que de milagro podemos darle luz a nuestros ciudadanos.
Cabe preguntarse: ¿es la revolución avance? ¿Es la revolución progreso? ¿Es la revolución calidad de vida? Esto se responde con un rotundo NO. La revolución sólo es luz para la calle y oscuridad para la casa.
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