El vocablo contabiliza décadas de desuso. Ya no se lee en los panfletos de los partidos comunistas latinoamericanos, ni se escucha en las encendidas arengas de los dirigentes de esa agrupación.
Fueron los comunistas quienes incorporaron la palabreja denigratoria en el lenguaje político latinoamericano, para descalificar a los nacionales de estos países que no se afiliaban al credo de Moscú. En el saco del presunto pitiyanquismo metían los comunistas a todos los militantes de la izquierda democrática, así fueran absolutamente insospechables de veleidades proimperialistas, como a los de la más ortodoxa derecha, sin importar como a los de la más ortodoxa derecha, sin importar que tampoco pudiera tildárseles de tales. La cosa era descalificar, por presuntos proimperialismo, a todo militante o dirigente político que no siguiera las pautas soviéticas.
Entre los venezolanos prosperó el término a partir de la muerte del general -Gómez y su uso se prolongó hasta cuando rusos y norteamericanos, Stalin y Roosevelt, aliaron sus potencias para combatir, junto con Gran Bretaña y Francia- entre otros países. A Hitler y a Mussolini, el eje nazi-fascista.
No apareció más en los periódicos, ni en los discursos de los 'camaradas' la palabra 'pitiyanqui'. A tal punto que sonará extraña a los oídos de los venezolanos -y los latinoamericanos- nacidos luego de concluida la II Guerra Mundial.
Ahora la rescata de los abismos del olvido el golpista-presidente, como si hubiera realizado descomunal descubrimiento. Para injuriar a los venezolanos que no le lamen las botas dictatoriales, que no le rinden culto, que no se le someten, ni lo aplauden los desplantes caudillescos, de sargentón entronizado en el Poder con siniestros propósitos de mando vitalicio.
A diestra y siniestra reparte la sucia descalificación el golpista-presidente contra las mayorías que resueltamente, adversan su gobierno inepto, militarista y corrupto, el más inepto, el más militaristas y el más corrupto que haya padecido cualquier país latinoamericano.
Y el golpista-presidente ni cuenta se da de que cuando dispara la descalificación de 'pitiyanqui' contra cualquier venezolano, la saliva le cae en la cara.
Por cuanto si en la Venezuela aherrojada de nuestros días por el más salvaje militarismo, y gangrenado por la más gigante corrupción, a alguien le calza perfectamente el despreciativo término de 'pitiyanqui', ése no es otro que el mismísimo golpista-presidente. Quien, a pesar de que la moneda nacional es el bolívar, ancestral y legalmente, no utilizan sino el 'imperialista', dólar para contabilizar presupuestos y denominar sus diarios 'regalos' a los Kirschner, a Evo Morales, a Daniel Ortega, y a todos los demás 'chulos' que, en América y fuera de nuestro Continente, le hacen la barba y le rinden pleitesía... hasta cuando siga preñada la piñata de Pdvsa.
Igualmente se le sale el pitiyanqui al golpista-presidente cuando, desde sus fastidiosas cadenas de radio y televisión, se dirige a su comandante en jefe Fidel Castro. No lo hace en nuestro idioma nacional, ni en lenguaje caribe, o de alguna otra etnia indígena, autóctona. Sino en el idioma oficial del tan ¿odiado? 'imperio':
-¿How are you, Fidel?
Pitiyanquismo del más rancio y rastrero... REGRESAR |