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Hugo Chávez ha repetido la advertencia varias veces. Si el chavismo pierde gobernaciones y alcaldías de importancia la oposición irá a por él. Es decir, tomaría de inmediato a Venezuela por asalto, pues sabemos que según el reduccionismo extremo del pensamiento oficial, Chávez y Venezuela son los términos de una entidad indisoluble. Razón más que suficiente para cerrarle el paso al enemigo malo a como dé lugar y convocar al pueblo soberano a defender el futuro de la revolución, o sea, la permanencia indefinida de Chávez en Miraflores, rodilla en tierra, a sangre y fuego.
Este es el muy complejo e inconveniente dilema que le plantea a Chávez la información que registran todas las encuestas: al chavismo le aguarda un cataclismo electoral en las urnas de noviembre. Sombría realidad que le formula al país una pregunta todavía peor para todos. ¿Qué camino emprenderá Chávez? ¿Se someterá democráticamente al mandato de los votos y comenzará desde ese mismo día de su derrota a ceder el poder casi absoluto que ha logrado acumular a lo largo de los años, o asumirá en todo su dramático sentido el hecho de hallarse acorralado por su fracaso de gobernante y por la desmesura de su proyecto político personal y le pegará una patada desesperada y definitiva a la mesa? Lo más probable es que Chávez tratará de descubrir algún tortuoso sendero que a última hora le permita prolongar la ficción de gobernar en democracia mientras termina de apretar las tuercas y tornillos del andamiaje totalitario del régimen, pero uno tiene la impresión de que por mucho que lo intente no podrá encontrar espacio suficiente para ejecutar maniobras por el flanco ni para ampararse en rebuscadas ambigüedades jurídicas. El teatro de sus operaciones sencillamente se le ha puesto chiquitísimo, del tamaño de un pañuelo. Y dentro de ese mínimo perímetro defensivo su única alternativa posible es optar, así de simple, por lo uno o lo otro. Como él mismo le exigía hacer a su gente antes de la catástrofe del 2 de diciembre. Sin medias tintas ni pendejadas.
Lamentablemente, todo parece indicar que Chávez se inclina por la iniciativa de la confrontación y la guerra. Utilizar la subordinación de todos los poderes a su voz de mando para inhabilitar como hizo a centenares de candidatos a gobernador o alcalde fue una flagrante violación a la Constitución, pero dentro del marco polémico de los abusos de poder en América Latina. El paquetazo de los 26 decretos leyes para imponer buena parte de la reforma constitucional que los ciudadanos rechazaron en el referéndum de diciembre constituye, en cambio, un auténtico golpe de Estado. De ahí la división geográfica del territorio en zonas militares, geometría que de un solo plumazo elimina de Venezuela el poder del mundo civil. Y de ahí también la nueva Ley Orgánica de Telecomunicaciones, que en una de sus disposiciones finales consagra la potestad presidencial de 'suspender la transmisión de comunicaciones cursadas a través de los distintos medios de telecomunicaciones cuando así lo exigiere el orden público, la seguridad o los intereses de la Nación'. En fin, total poder militar en Venezuela y total control de la prensa para que sólo Chávez tenga en sus manos, Marciano dixit, 'estos poderosos instrumentos capaces de modelar la conducta, de influir sobre la voluntad y el pensamiento de miles de venezolanos'.
El mecanismo está montado.
El clima de crisis e inestabilidad nacional e internacional, a punto. Nos adentramos en una nueva etapa de la revolución que pasa por la necesidad estratégica de eludir el desafío de las elecciones regionales de noviembre, incluso al precio de provocar en Bolivia un golpe militar contra Evo Morales, que le permita a Chávez declarar en Venezuela un salvador estado de excepción. Sobre todo ahora cuando las escabrosas revelaciones que a diario hacen los actores del drama del maletín y el irrefutable informe de Human Rights Watch sobre el estado de los derechos humanos en la Venezuela de Chávez producen y seguirán produciendo un impacto demoledor en la conciencia del país.
Esto es, en definitiva, lo que hoy tenemos. Una situación que se agravará muy seriamente en los próximos días y semanas. Tiempos terribles sin duda, y no sólo en octubre, pero no por obra de la oposición enfrascada en su tarea de derrotar electoralmente a Chávez, sino del régimen, resuelto a desconocer una vez más la voluntad de los electores. Lo cual nos lleva a una tercera e inquietante pregunta. ¿Estaremos preparados los venezolanos para enfrentar lo que vendrá?
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| Fecha publicada: 22/09/2008 Fuente: El Nacional Tema: politica
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