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Si nos devolviéramos unos 60 o 70 años de historia venezolana petrolera, es bien probable que encontráramos un debate muy similar e inconcluso de lo que deberíamos hacer con nuestro petróleo, comenzando con la famosa e incumplida frase de Uslar de 'Sembrar el Petróleo' o con el señalamiento de Pérez Alfonso de verlo como 'el estiércol del Diablo', ambas demarcando la visión del país que debería aprovecharlo y convertirlo en un recurso productivo, multiplicador de la riqueza o del que la percibía como un recurso destructivo, no sólo de riqueza, sino de valores, de principios y de conducta social.
Me atrevería a decir que, desde entonces, los venezolanos no hemos podido llegar a construir un consenso supremo, de largo aliento y alcance, que nos ponga a todos de acuerdo en qué hacer con el petróleo.
Si observáramos el asunto en el largo plazo y si nos desprendiéramos de los prejuicios, apreciaciones subjetivas, resultados de propaganda y contenidos ideológicos tendríamos que aceptar la cruda verdad de que los resultados económicos y sociales de Venezuela, por lo demás muy decepcionantes, no se corresponden con la cantidad de recursos percibidos y con el excedente económico generado por la industria.
Si sumáramos el monto de los aportes fiscales petroleros tampoco hay correspondencia. Entonces, este tema, vital para Venezuela, debería motivar una profunda reflexión más allá de lo ideológico y lo político, poniendo la mira en la calidad de vida de nuestra gente.
Ciertamente, el tema petrolero ha sido motivo de debate y son varias las versiones que tenemos de cómo manejarlo, desde la propiedad del Estado hasta la apertura, de cómo enfocar el negocio, si concentrar la industria en él o convertirla en una 'repartidora' de la renta, o si debe ser propiedad de los ciudadanos o 'privatizarla', pero no nos hemos focalizado en un tema: el petróleo es nuestro capital y sus excedentes deben ser capitalizables.
Como consecuencia de ello ese excedente debe invertirse estrictamente y apropiarse en un Fondo de Capital, propiedad de todos los venezolanos y no debe pasar a manos del Estado como aporte fiscal, menos dedicarlo al gasto corriente. He allí el gran despilfarro y su aniquilación como riqueza.
Es hora de convertir el lema El petróleo es nuestro capital en el gran consenso de los venezolanos. Pongámoslo a buen resguardo en un Fondo Intergeneracional, un Fondo de Capital Reproductivo y otro de Compensación Territorial, pero evitemos que se convierta en renta y en despilfarro del Estado. REGRESAR |
| Fecha publicada: 03/10/2008 Fuente: TalCual Tema: petroleo
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