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En muchas oportunidades hemos tocado el problema del tráfico. Casi colapsado y en vías lentas, pero seguras, hacia su paralización total. Siempre recalcamos la necesidad urgente de optimizar el transporte público. En paralelo hemos sugerido medidas que, simultáneamente, pudieran mejorar la situación. En una nota anterior, apuntamos el factor transporte escolar y cómo su eliminación mejoraría enormemente no sólo la calidad de vida de los niños sino también el tráfico. Otro factor importante es el costo de la gasolina.
En Venezuela la gasolina es regalada sin discriminación a pobres y ricos. Hay un subsidio gigantesco y el Estado, es decir los venezolanos, pierden inmensas cantidades de bolívares . Es un subsidio injusto y regresivo, ya que todo el mundo lo recibe por igual. El IVA es un impuesto injusto, regresivo, porque los más pobres pagan lo mismo que los más ricos. También el subsidio a la gasolina es regresivo e injusto. Se le regala lo mismo a los más ricos que a los más pobres. ¡Se da la situación extrema de que el país importa gasolina! La que se produce en el país es insuficiente para cubrir la demanda. En consecuencia, hay un abuso en el uso del automóvil. Hasta para ir a comprar el pan en la esquina se utiliza. Las familias tienen tres o más carros, según sus miembros. Millones de automóviles moviéndose enloquecidos innecesariamente. Si tuviera un costo proporcionado disminuiría el consumo alocado de lo que es casi gratis.
De cuando en cuando se habla del aumento del precio de la gasolina, pero enseguida se abandona la idea porque se argumenta que el costo de la vida subiría a niveles insoportables.
Pero no se ha planteado la subida del precio diferencial, según la capacidad económica del consumidor. Los carros pequeños y baratos, al alcance de los más pobres, pagan el mismo precio que los grandes sedanes y camionetas de muy alto precio y que sólo los ricos usan. Lo lógico y justo sería que éstos pagaran un precio mucho más alto por la gasolina. En la actualidad es facilísimo establecer un mecanismo sencillo y operativo. Cada cada carro tendría una tarjeta inteligente con el número de placa y otra característica, color o marca, por ejemplo, y el tipo de precio por litro de gasolina.
En cada bomba habría un lector que, al pasar la tarjeta, calcularía el precio por litro para ese auto. Un carro pequeño pagaría, por ejemplo, BsF 0,10 el litro y uno de los grandes monstruos BsF 10 el litro. Se estudiaría una escala apropiada de tipos tomando en cuenta el tamaño, el peso, el rendimiento, el costo y otros factores pertinentes, y el tipo iría marcado en la tarjeta. El bombero estaría obligado a verificar sólo la placa y el color o marca del carro, pasa la tarjeta, ésta hace funcionar el servicio, el bombero cobra y ya. Sin la tarjeta no hay servicio. La información sería instantánea. Antes de pagar 15 o 50 BsF por un tanque de gasolina, la gente lo pensaría un poco para usar el carro.
Hay un enorme beneficio adicional. Si los lectores de las bombas se conectaran con una base de datos, se detectaría sí el carro está registrado como robado o en cualquier otra condición delictiva, y el sistema avisará instantáneamente a la Unidad de Captura más cercana a la bomba. Se podrían así recuperar miles de carros robados.
Con los medios informáticos actuales, el manejo de cinco o seis millones de tarjetas y unos miles de lectores en las bombas no es ningún problema.
Claro que puede haber corrupción, pero las posibilidades son mínimas. Tal vez el bombero no verifique la placa y color o marca del carro y pase una tarjeta que no corresponde, lo que se podría controlar fácilmente con una supervisión humana e informática muy pequeña.
Es inevitable que se inventen trampas, pero la magnitud sería insignificante en relación con los grandes beneficios: menos carros circulando, más recursos para mejorar la calidad de vida de todos los venezolanos, un golpe fuerte al robo de vehículos. Ahí está la idea. REGRESAR |
| Fecha publicada: 09/10/2008 Fuente: Últimas Noticias Tema: transporte
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