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Habla como opositor pero simpatiza con el Gobierno. En sus casi ocho años en la presidencia de Fedeindustria, Miguel Pérez Abad ha conducido a un gremio poco dócil y cuestionador en momentos de contracción y de holgura económica.
Dice que en los primeros meses de 2009 dejará el cargo. Pero antes plantea a las autoridades y a los industriales todos (pequeños y grandes) la necesidad de revisar una agenda de largo aliento que convierta a Venezuela en una potencia manufacturera, acorde al crecimiento económico y poblacional esperado.
-¿Cuál es la situación actual de la Pequeña y Mediana Industria (PYMI)?
-La industria establecida está trabajando casi al límite de su capacidad instalada. 68% del sector opera por encima del 80% de su capacidad productiva, 23% está entre 50% y 69% y sólo 9% está por debajo del 40% de su capacidad. Esto demuestra que la industria está en un punto de inflexión, de quiebre. No es suficiente lo que tenemos. El país ha cambiado cualitativa y cuantitativamente. Tenemos más consumidores, un aumento poblacional, mayor poder adquisitivo, se requiere una renovada agenda industrial.
-¿Eso qué significa?
-Que Venezuela necesita modernizar su parque industrial. Y para ampliar la capacidad productiva de las 6.000 industrias que hay en el país se deben invertir al menos 12 mil millones de dólares. Para que tengamos una idea, crear 5.000 industrias nuevas requerirían posiblemente 30 mil millones de dólares. Si queremos transformar el aparato productivo nacional, se hace necesario inyectar capitales y fuentes de financiamiento como no lo habíamos visto en 40 o 50 años. Necesitamos un programa de gran envergadura.
-Mientras tanto se disponen este año de $50 millardos para las importaciones.
-Por eso hay que renovar la agenda industrial. Tenemos que construir un nuevo instrumento de política industrial para Venezuela que incluya diversos aspectos: tecnológico, fuentes de financiamiento, capacitación y certificación de mano de obra.Si tomáramos las 6.000 industrias y le diéramos un crédito de 2 millones de dólares a cada una, no tendríamos con quién operarlas. Es necesario actuar en paralelo: tecnología y capacitación.
-El Inces se ha convertido en un centro ideológico y no de capacitación.
-Bueno&eso lo vamos a tener que hacer, si no queremos que el crecimiento económico se vaya en las importaciones. Necesitamos acceso a bienes de capital de largo plazo, lo que significa financiamiento de largo plazo. Hasta ahora el financiamiento a corto plazo funcionó, de tres a cinco años, pero ya no.
-¿El apalancamiento correspondería a la banca pública?
-Tradicionalmente están como fuentes de financiamiento, capital de trabajo, banca privada, bancos de desarrollo, Ina-pymi, Foncrei, Bandes. Hay que revisar el portafolio de las entidades públicas y privadas.
-¿De dónde provendrían los recursos?
-El Fonden tiene esa plata ahorita. Pero también se podría sacar una emisión de papeles, llevar empresas a la Bolsa de Valores. Se pueden buscar mecanismos de financiación. Yo no creo que el problema sea el dinero, sino ponernos de acuerdo sobre un plan de desarrollo industrial socialista para 25 años.
Ampliar una fábrica de zapatos es mucho más complejo que traer los zapatos de China. Estamos planteando inclusive que no se le dé plata al industrial. Se nos ocurrió algo que llamamos Industrias con Reservas de Dominios, que consiste en entregar las máquinas y los galpones a las industrias y que ellos repaguen esos activos con el producto del trabajo, la producción y las ventas. Es una manera distinta para agilizar esto.
-El Gobierno alimentó durante años un discurso que cautivó a los industriales, como era la promoción del valor agregado en el país, ¿qué pasó con eso?
-No es fácil la construcción de una industria, es complejo. Es importante resolver algunos problemas, entre ellos la permisería que amenaza el desarrollo del país. Eso no afecta al empresario sino al país.Tenemos una agenda que alinear en materia cambiaria, de precios, fiscal.
-¿Flexibilizar los controles?
-No, flexibilizarlos no. Necesitamos un sistema de administración de precios y no un control de precios. Es algo que permite que los precios puedan bajar o subir dependiendo de las variables que influyen sobre la estructura de costos. Se sientan los productores, Gobierno y consumidores y arman un sistema para que haya predictividad y no tengamos precios anclados. También hay que montar un sistema de administración de divisas. Si Venezuela importó en 2005 $30 mil millones, cómo es que el año siguiente va a importar 38 o 40 mil millones y ahora más de 50 mil millones. Alguien tiene que darse cuenta que algo está pasando. Aquí parece que hay una hemorragia, algo que se va y no viene, que se queda en una cuenta por fuera. El control de cambio ya no funciona.
-¿La crisis financiera mundial podría limitar esta renovada agenda industrial?
-Es una gran oportunidad. Los países de la región pueden imponer una dinámica propia, armar un sistema financiero para salvaguardar sus intereses. REGRESAR |
| Fecha publicada: 12/10/2008 Fuente: El Universal Tema: empresas
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