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En una noche en la que el juego colectivo y los rendimientos individuales estuvieron por encima del nivel previsible, la selección retomó el camino a Suráfrica ofreciendo su mejor versión del último año - incluyendo en ese período los partidos postreros de la era Páez - y dejó para el análisis y el debate algunos conceptos que, entreverados con el discurso que César Farías ha manejado desde que se hizo cargo de la Vinotinto, permiten dibujar el futuro próximo.
¿A qué va a jugar la selección de los próximos meses? ¿Dónde está el punto intermedio entre el bajo nivel de Perú, Paraguay y San Cristóbal, y la noche mágica de Puerto La Cruz? ¿Hacia dónde va el equipo? El rendimiento de la Vinotinto ante Ecuador fue un respiro en medio de una situación de gran tensión. Aunque los resultados marcaran un desenlace que sólo la dirigencia sabe si habría resultado definitorio, que Venezuela haya ganado, y que además lo haya hecho apelando a ese estilo en el que se siente cómoda, fue una buena noticia. El panorama más gris que se pudo haber presentado con el cambio de entrenador en mitad de la eliminatoria, justificado o no, habría resultado traumático. Hasta este punto, todos de acuerdo.
Aunque en algunos sectores genere escozor, hay una manera de jugar, reconocible y durante largos períodos también exitosa, en la que los futbolistas se sienten cómodos. La fusión entre las ideas del seleccionador, y aquello que sus dirigidos asumen como su hábitat natural, representa esa zona de confort que Farías tuvo que haber detectado tras su primera victoria en el premundial.
Rendimientos sobresalientes. Uno de los puntos resaltantes del triunfo ante Ecuador fue que la selección mantuvo las líneas muy juntas, lo que redujo las descompensaciones y dio seguridad. Los hombres del fondo, con la sola excepción del gol que puso en ventaja a los visitantes a los 10 minutos de partido, cumplieron con buena nota. Aquellas situaciones de verse atacados en inferioridad numérica o teniendo que recular delante de un rival que contragolpeaba en velocidad, apenas se produjeron.
Y básicamente porque, con la presencia de Franklin Lucena y Tomás Rincón, aunado a un trabajo de marca y presión que involucró a todos, el equipo estuvo mucho más equilibrado.
Rincón tuvo una noche notable, en la que su fútbol acabó de florecer en la mejor vitrina. El volante del Táchira es el símbolo de la era Farías, su portaestandarte, el hombre al que le dio confianza y que realmente representa una promesa de futuro con bases sólidas.
Hoy, Venezuela puede presumir de contar con un mediocampista de primera línea con verdadera capacidad de pesar en las dos áreas.
César González fue una apuesta tardía, pero acabó como una de las figuras del choque ante los ecuatorianos. Su ritmo alto marcó los tiempos del partido. Ofreciéndose por todos lados, con mucha movilidad y dinámica, despertó dos aspectos dormidos en el juego de la selección: la velocidad de circulación y el instinto de Juan Arango, que encontró en 'Maestrico' a un socio para juntarse y a alguien que le ofrecía constantemente opciones de descarga. Los dos pase gol que el maracayero le entregó en el primer tiempo, fueron consecuencia de eso.
Los puntos positivos quedaron a la vista de todos. Si el técnico recoge el guante de lo que sus jugadores mostraron, puede que se produzca el click que vuelva a convertir a la Vinotinto en una selección competitiva. La autocrítica no puede quedar aparcada por la euforia de la victoria. Desde la humildad, y leyendo con todas sus letras cada uno de los capítulos de esta historia de 10 meses, puede visualizarse el porvenir con optimismo.
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| Fecha publicada: 17/10/2008 Fuente: El Nacional Tema: deportes
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