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Aferrado a la palanca de velocidades, Rafael Godoy cree que el acelerador le dará poderes especiales para burlar la maraña de vehículos en la autopista Francisco Fajardo, a la altura de Montalbán. Son las 6:30 am, y ya está malhumorado. Desde el capó del taxi que conduce puede ver una serpentina de autos y camiones, que se pierde delante de él. 'Por eso no me meto para acá en las mañanas, así me paguen 60 bolívares fuertes', asegura.
El conductor toca corneta sin parar, pero el esfuerzo se malgasta entre la competencia de sirenas y humo. Es un día como otros. Las colas se han vuelto tan habituales para los caraqueños como el desayuno o la cena. Godoy intenta relajarse y dice que cambiará el oficio para dedicarse a otro 'menos estresante'. 'La gente cree que cobramos caro, pero conducir en Caracas es desesperante', dice mientras ve a través del retrovisor.
Del embotellamiento, sin embargo, no se salvan quienes trabajan bajo techo. Parte del problema es que Caracas carece de una autoridad única, que organice el tránsito terrestre. La ciudad necesita una red de transporte público de calidad e integrado y estacionamientos, para dejar el carro y poder viajar en otros medios de transporte; además, hay exceso de vehículos, enumera Josefina Mundó, especialista en Planificación Urbana y Transporte Público.
Las cifras de la Encuesta de Movilidad encargada por la Alcaldía Metropolitana confirmaban en 2006 que la ciudad está dividida, y ante esa realidad la población con mayor poder adquisitivo (residente en el sureste) adquiere en promedio 1,5 vehículos por hogar, mientras la mayor parte de la población, 72,9% de los viajes, se traslada en unidades por puesto y otras opciones que ofrecen grupos privados.
' Es un transporte no integrado, que no facilita los trasbordos sencillos. El único ejemplo exitoso es el Metro, pero le da la espalda al resto de las alternativas, sólo se integra con el metrobús', dice la especialista.
Las estadísticas son claras.
Quienes más sufren porque no cuentan con opciones eficientes son los que están obligados a dormir sobre la ventanilla de un minibús, terminar de maquillarse en el Metro o comerse las arepas dentro del rústico.
'¡Es desesperante! He tardado hasta cuatro horas para volver de mi trabajo en Boleíta a mi casa en La Florida. Tomo una camioneta, Metro y metrobús. Antes leía, pero regreso tan cansada que no me provoca. ¿Qué puedo decir? Uno no sabe qué hacer con estas colas. Será levantarse cada vez más temprano para que no nos boten', se queja Zuly López, encargada de una tienda de muebles de oficina.
Se necesitan pocos viajes en transporte público para comprender que Caracas está fragmentada. A diferencia de capitales como París, Barcelona o Roma, que pueden recorrerse fácilmente con mapas viales en mano, el Área Metropolitana muestra sus fisuras en los intentos por usar varios servicios.
'Mejorar el transporte público es un asunto de justicia social', afirma Josefina Florez, directora del Instituto de Estudios Regionales y Urbanos de la Universidad Simón Bolívar. Sobre cómo debería darse ese pago social, Florez es más radical que sus colegas. Considera que debe aplicarse un impuesto a la gasolina, para que sea revertido en un fondo destinado al mantenimiento de la vialidad y a la conclusión de las conexiones viales, que sumarían nuevos 'caminos verdes' al territorio capitalino. Del tributo estaría exento el transporte público.
Oficialmente, hay 636.663 vehículos registrados en el Área Metropolitana; pero el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre admite que los subregistros triplican esa cifra y, según las proyecciones del organismo, hay entre 1,8 millones y 2 millones de vehículos circulando por la Gran Caracas.
Somos muchos, nos movemos poco.
Las colas también han hecho de Caracas una ciudad aburrida. Hace dos años, la Alcaldía Metropolitana reveló que por recreación se efectuaba 1,86% de todos los viajes, mientras la vuelta al hogar representó 48, 07% de los recorridos. Cada caraqueño hace en promedio 1,61 viajes pordía. El tiempo apenas alcanza para ir y volver de la casa al trabajo. 'Siempre he dicho: siempre tine sentido desarrollar proyectos de transporte, si no se tiene un plan de viviendas. El transporte tiene que ver con seguridad y espacios públicos. No soy partidario de las propuestas de desarrollos urbanísticos en la periferia. Otras experiencias, como el Transantiago de Chile, han fracasado porque no llegan al centro de las ciudades', opina Tomás de La Barra, arquitecto encargado del Plan Integral de Transporte para la Región Metropolitana de Caracas, que desarrolla en la actualidad el Metro de Caracas.
La angustia de saber que están perdiendo un tiempo que podrían usar en ver una película o compartir con la familia, lleva a algunas personas a vivir las peores horas del día en el vehículo o el autobús. Iris Lovera escribió en E
L NACIONAL su preocupación: 'El carro se convierte en un basurero (para no tirar los envases y papeles fuera) y, además, se transforma en nuestra incómoda casa. Lo peor es que tenemos la certeza de estar desperdiciando nuestra vida frente al volante'.
Los costos en traslado no se miden únicamente en inversión de tiempo y dinero. Los malestares y el estrés de la espera también son indicadores de cómo se mueve la gente. De esa premisa echa mano Florez, al establecer algunas prioridades, como crear una coalición entre los 17 organismos que tienen alguna autoridad sobre el tránsito.
Florez opina que es urgente empezar a controlar los daños colaterales del tránsito lento: los atropellos hacia el peatón, el exceso de velocidad y el boom de los mototaxis que, sin cumplir los reglamentos, ofrecen el único escape superficial a los embudos.
El psicólogo Axel Capriles recomienda aplicar medidas para contener el factor rabia, que también se desborda en las vías: 'La vida urbana exige rendir el tiempo y ser cada vez más competitivos. El hecho de sentir que debido a las colas no se pueden cumplir las tareas previstas, genera más ansiedad. La rabia automovilística, como se conoce mundialmente, origina comportamientos irracionales hacia los otros conductores, que tampoco tienen culpa de la situación'.
En la calle, esa rabia se transforma en accidentes. 'Me han chocado tres veces en plena cola. Una vez, el conductor se quedó dormido y soltó el freno; la otra, fue un motorizado que no pudo pasar entre los dos carros; y la última, un camionetero que estaba desesperado por cambiarse de canal, y como no midió bien le llegó a mi vehículo', relata María Álvarez.
Los conductores aseguran que están dispuestos a contribuir con algunos sacrificios, para dejar de vivir con el tedio y los horarios de las colas.
La implantación de planes de descongestionamiento vial como el Pico y Placa en toda la ciudad, el aumento de los controles para obtener las licencias, incremento en el precio de la gasolina y cambios de horario en algunas instituciones, son algunas de las soluciones enviadas por los lectores a www.el-nacional.com.
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| Fecha publicada: 20/10/2008 Fuente: El Nacional Tema: transporte
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