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En algún momento, cuando se creó la actual Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, la forma en la que hablaban sus integrantes no era igual. No todos los músicos decían 'tú'. Más de uno, muchos más que uno, pronunciaban 'usted' o tal vez 'vos'.
Aún es fácil escuchar entre ellos un '!uy!', un 'na'guará' o un '!qué molleja'. Muchos podrían tener una de esas franelas en las que se lee 'Se habla gocho' o 'Se habla oriental'.
Lo cierto es que todos llevan una puesta que dice: 'Se toca a lo venezolano'.
Entre pronombre y pronombre, entre audición y audición, se formó una orquesta que hoy se ha convertido en un país a escala, en la metáfora de la Venezuela que se aplaude, una en la que se quiere creer.
Muchos de los que hoy representan a la nación venezolana en los principales escenarios de la música en el mundo tienen su partida de nacimiento en los viejos archivos de pueblos cuyo nombre no aparece reflejado en todos los mapas.
Etny Molletones cumplió 18 años de edad el 3 de octubre.
En la gira reciente de la Simón Bolívar por Europa tuvo que viajar con permiso legal de sus padres, pero ya tocaba frente al atril de la flauta principal. El camino para llegar allí comenzó en Curaguire, Aroa. '¿Y eso dónde queda?', se preguntarán algunos. Pues es un pueblito retirado de Yaracuy.
A los 8 años de edad, junto con sus tres hermanos, Molletones caminaba varios kilómetros hasta el Ateneo de Aroa para empezar a 'rasgar un cuatro', dice. Allí quedaba el Núcleo de la Fundación de Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. A esa edad tuvo su primera novia, de la que se enamoró por el color: la flauta transversa. La tocó y no la soltó. A ese primer instrumento le fallaban un poco las llaves, pero él le colocaba ligas para que volvieran a levantarse luego de presionarlas.
Un profesor le enseñó lo básico y otro vino a corregirle después las 'malas mañas' que había agarrado con el instrumento. Comenzó a viajar para recibir clases, no sólo en San Felipe sino en Barquisimeto. Hace dos años le llegó una carta en la que lo invitaban a un proceso de audición de la Simón Bolívar. Tenía 16 años de edad.
'Fue de infarto. No paré de estudiar, con todo y mi flauta básica. Cuando llegué, el instrumento no me sonaba. Hacía demasiado frío y la flauta y yo estábamos acostumbrados al calor. Finalmente, en la audición sí sonó. Cuando dieron los resultados, pensé que quedaría en el último nivel, pero quedé en el nivel fila (el de los intérpretes fijos de la orquesta). No lo podía creer', narra.
Los suspiros aún se le salen con facilidad cuando recuerda ese episodio, la misma sonrisa que puso cuando centenares de europeos aplaudieron fervorosamente su interpretación en la obra Cuadros de una exposición. Todos tienen que tocar.
La partitura de lo posible para Luz Cárdenas fue otra. No tenía ni idea de lo que era una orquesta y la música académica hasta los 15 años de edad. Ella iba muy mal en el liceo. Se enteró de que habían creado el bachillerato mención música en esa misma institución en San Cristóbal, gracias al trabajo de quienes llevaban adelante el Núcleo de Fesnojiv en Táchira. Pensó que si se cambiaba podría ser artista, actriz específicamente. El primer día de clases la llevaron por primera vez en su vida al ensayo de una orquesta. Le dijeron que tenía que tocar un instrumento.
'¿Qué?', respondió.
Al otro día le entregaron una viola. Se sentó frente a un atril de la orquesta y, sin tocar nada, se quedó mirando los dedos de los demás. En las clases le daban las escalas musicales en teoría. En aquel entonces se enfermó el profesor de viola y ella tuvo que aprender con uno de percusión, que también era director de la orquesta, la forma en que la teoría se hacía práctica en el instrumento que le asignaron. Si desafinaba una escala, tenía que volver a empezar. Ahora, Cárdenas se sienta en la fila de violas de la Simón Bolívar.
'Siento que haber llegado a esa edad a la música y ser del interior, hicieron que me esforzara mucho más por lograr metas en la vida'.
Aunque la mayoría de los 300.000 músicos que integran la matrícula del sistema está en Caracas, pues es la ciudad con mayor número de habitantes, el plan que Abreu se trazó hace 33 años sigue creciendo en la provincia. Actualmente, existen más de 114 núcleos en toda Venezuela dedicados a construir el país musical con el que muchos aún sueñan. REGRESAR |
| Fecha publicada: 20/10/2008 Fuente: El Nacional Tema: cultura
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