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Gilberto Pinto considera que el teatro siempre ha estado en crisis, no solamente en Venezuela sino en todas partes. Según el dramaturgo, esta actividad nunca ha contado con el respaldo total de los gobiernos, pero se las seguirá arreglando para sobrevivir porque es indispensable.
Las agrupaciones teatrales siempre han tenido un presupuesto deficitario. 'El teatro no es como el cine que es una industria donde el capital privado invierte dinero y pierde o gana. El caso del teatro es diferente y lamentablemente para el Estado es una de sus últimas prioridades', afirma Pinto.
Para el dramaturgo, el reconocimiento del teatro como un medio de desarrollo social no garantiza que se le inyecten suficientes recursos. 'En Europa hay un respeto enorme por la cultura, son países de otra naturaleza, pero aún así el apoyo al teatro es deficitario', asegura.
No obstante, dice Pinto, lo que mantiene la actividad es la cantidad de personas que hacen teatro en Venezuela y el mundo. El teatro está 'relativamente mal', pero 'los artistas continúan con su labor por encima de la falta de presupuesto'.
VUELTA A LOS 60
'En la década de los 70 aparecieron los happenings y los performances. Aquellas vainas que no decían nada y que eran unas críticas superficiales, sin contenido.
Nosotros, ante la arremetida de la contracultura, del antiteatro, de la muerte de la palabra, insistimos en el teatro de texto. Ahora no solamente estamos volviendo al teatro de texto sino al teatro contestatario de los 60', recuerda el maestro.
Una prueba, afirma Pinto, es la obra Las torres y el viento, de César Rengifo -que se reestrenó recientemente en Barcelona- y La guerrita de Rosendo, obra de su autoría que está de temporada en el Luisela Díaz. 'Son dos obras contestatarias que están irrumpiendo de nuevo y que van a seguir. Y a medida que el Estado se ponga necio, en esa medida se seguirán montando', pronostica el autor.
A su juicio, las artes escénicas inoculan la reflexión en el pueblo, más que la literatura y la plástica.
Esa sería otra de las razones por las cuales el teatro no puede ser apoyado por factores de poder. 'La pintura no es tan eficiente como el teatro porque el mayor valor del ser humano es la palabra y eso está demostrado. La palabra domina el gesto. Tú con la palabra puedes hablar en la oscuridad, con el gesAFP
to no', analiza Pinto.
Al Estado lo que le molesta, explica el dramaturgo, 'es que alguien en un escenario a voz alta, limpia y clara diga un montón de verdades. La obra Las torres y el viento es una crítica no solamente contra las petroleras que vienen a explotar y ya, sino también por los gobiernos que permitieran que esto pasara, empezando por el gobierno de Juan Vicente Gómez'. 'Y eso es lo que no quiere entender la gente que apoya la contracultura.
Presentan una pila de gritos, de brincos, de gemidos. En cambio, el teatro de texto sí es cuestionador'.
CENSURA PERMANENTE
Pinto recalca que la censura del teatro en Venezuela tampoco es nueva. 'La primera obra que iba a hacer, en la que iba a debutar como actor, era una pieza que se llamaba La fuerza bruta. Me la suspendieron el día del estreno por culpa de Monseñor Pellín. Él escribió un editorial porque salió una foto de mi compañera que tenía la pierna montada en un cajón y yo hacía como las intenciones de tocarla', cuenta.
Pellín, recuerda el dramaturgo, dijo que como era posible que se presentara en el Instituto Pedagógico de Caracas ese montaje delante de esos muchachos 'que además eran comunistas. Yo no tenía noción del mundo político, mi entusiasmo era actuar, era la parte estética del teatro. Ahí fue que comprendí que el teatro también es político y me radicalicé', dice Pinto.
En los 60, afirma el maestro, todo se censuraba, todo se mediatizaba, porque el teatro es, en palabras de Pinto, un portador de ideas, un transformador de transformadores. 'Por ejemplo, si entran 50 personas al teatro, dos que reflexionen con ella se transforman en reformadores de los demás.
Con la literatura no sabes, porque es raro la gente que comenta el libro. La crítica literaria se hace en círculos especializados, pero no con el pueblo', explica. 'El teatro tiene la ventaja de que puede ser entendido por iletrados'.
ARTE DERECHISTA
Pinto considera que el surgimiento del teatro comercial en el país es responsabilidad de la derecha. 'Ese es el mecanismo de la derecha de arriba (la burguesía), porque hay ciertas derechas de abajo (el colectivo) que son combativas, pero las de arriba no ceden posiciones. Entonces, la burguesía financia este tipo de teatro superficial. Para eso sí hay dinero', protesta.
Para el dramaturgo es inconcebible que el Celarg sea la sala de exhibición del teatro comercial por encima de los montajes reflexivos, siendo una institución del Gobierno. 'Allí se presenta un teatro anodino que trata los problemas de la cintura para abajo', critica Pinto.
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| Fecha publicada: 20/10/2008 Fuente: TalCual Tema: entretenimiento
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