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'Desde que me levanto estoy parada'. Esa es la sentencia de María Cecilia de Rivas, para quien estar de pie es un oficio y una resignación. Es jueves, el sol no termina de salir y ya está en Chacaíto. A las 7:00 am, Rivas lleva un largo camino recorrido desde que salió de su casa, en la carretera Petare-Guarenas, y espera en 'la cola de los parados' el tercer transporte público que toma en el día, que la llevará hasta su trabajo en una peluquería de Santa Rosa de Lima, donde cumplirá una intensa jornada de alisados y cortes.
El sureste es de los sectores de Caracas donde es más difícil moverse. La zona tiene la tasa de tenencia de vehículos por hogar más alta de la capital. Una oferta escasa de transporte público no logra cubrir en El Hatillo y Baruta los requerimientos de una fuerza laboral de domésticas y obreros, que encuentran empleo en la proliferación de construcciones y la necesidad de personal de servicio. Los buses tampoco logran movilizar sin traumas a otro contingente de trabajadores que sale hacia el centro y este.
El sureste de la ciudad, mayoritariamente residencial, tiene horas pico que se corresponden con la entrada y salida del trabajo. A las 6:00 pm, Rivas vive el mismo periplo a la inversa, para llegar a su casa. Según las cifras que maneja el Metro de Caracas, a diario se movilizan por la estación de Chacaíto hasta 111.060 personas, pico registrado el pasado primero de octubre. Es esta, seguida de Petare, Plaza Venezuela y Capitolio, la estación de la Línea 1 por la que más transita gente.
Chacaíto, una estrecha herradura residual, zona fronteriza entre Chacao y Libertador, en la mañana llena de gente somnolienta y en la tarde de gente cansada, está convertida en el terminal del sureste.
Pocas rutas.
Lo que demora la espera de un autobús en Chacaíto basta para comenzar una amistad. Rosmary Peña y Rosa Ardila se conocieron en la cola de más de 40 minutos que hacen a diario. La afinidad que tienen estas mujeres se expresa en algo concreto: la primera que llega le guarda el puesto a la otra. Trabajan como empleadas domésticas en urbanizaciones del sureste, viven en Petare y ambas toman rústico, Metro y carrito por puesto.
Pero también hay algo de caminata. Peña, de 56 años de edad y rostro cansado, camina una cuadra desde donde la deja el carrito hasta la casa donde trabaja. Tiene suerte, porque en muchas urbanizaciones donde no llega el transporte el que no tiene carro debe subir largas y empinadas cuestas a pie.
Sin embargo, en días de fuerte congestionamiento, Rosmary camina porque prefiere ahorrarse el Metro, tomar un autobús que la deja en Chuao, y de ahí caminar hasta Santa Rosa de Lima. Así llega más rápido.
La cobertura del transporte público en Baruta es buena, según Alejandro Rivas, jefe de la División de Transporte y Vialidad. El sureste está cruzado por 37 rutas urbanas y 45 interurbanas. En Baruta consideran que se debe aumentar la cobertura de San Luis, Colinas de Bello Monte, Cumbres de Curumo y Chulavista. El Hatillo está más desasistido por el transporte, y en las zonas rurales es donde más lo necesitan.
El Metrobus tiene 6 rutas en el sureste: 5 en Baruta y 1 en El Hatillo, con una fl ota de 21 unidades, que al día hacen un promedio de 46 despachos. En un día laboral, hasta 4.370 personas por trayecto usan el Metrobús.
Mientras los especialistas insisten en que deberían utilizarse vehículos de más capacidad, los choferes dicen que en el sureste hay calles muy estrechas por las que no pueden circular.
La capacidad de las unidades -73 de cada 100 son minibuses también inquieta a los pasajeros. 'Que la cola fl uya depende de que nos manden autobuses más grandes', dice Ardila.
Esas contradicciones tienen una explicación, según Josefi na Florez, directora del Instituto de Estudios Regionales y Urbanos de la Universidad Simón Bolívar: 'Hasta La Trinidad está más o menos estructurado el sistema. Pero más allá hay muchísimas restricciones, por la topografía de montaña y el desarrollo informal de sectores de clases media y alta, muy disperso, sin vialidad. Es más difícil llegar a los usuarios de manera efi ciente y es imposible ampliar las vías, porque la gente ha construido sus casas al lado'.
En el sureste, aunque la mayoría es propietaria del suelo y vive en mejores condiciones, parece producirse una versión clase media de los barrios caraqueños, que también han crecido sin servicios. Pero allí, la gente ha podido comprar el vehículo para moverse.
Poner orden en el crecimiento
urbano, agrega Florez, es una medida fundamental para mejorar la movilidad en la zona.
También sugiere atender a la población del sureste que está envejeciendo con un servicio especial, que funcione de acuerdo con la demanda y los recursos del pasajero (que el usuario lo solicite por teléfono o Internet), como una opción para mejorar la cobertura.
El Metro para ordenarse.
Datos de la Alcaldía Metropolitana señalan que 1.268 unidades de transporte público circulan por el sureste, donde viven poco más de 400.0000 personas.
Ese parque automotor moviliza a diario a 123.000 personas en Baruta. La mañana que se encontraron Rosmary Peña y Rosa Ardila, en dos horas salieron apenas 16 unidades hacia Las Minas, San Román, Baruta y Concresa. Según Rafael Romero, fiscal de la línea, cada unidad demora 1 hora y 20 minutos en regresar; si se dirigen a Baruta, el trayecto dura 2 horas.
En Chacaíto, el volumen de usuarios que forma fi la mientras espera el autobús en hora pico es tal que los conductores usan la modalidad del viaje directo. Por atajos y violando los reglamentos, toman la autopista de Prados del Este e incumplen el recorrido autorizado por el INTT. Ahorrarse las paradas le cuesta 0,10 bolívares fuertes más a cada pasajero.
La modalidad no es nueva, afi rma Julio César Herrera, presidente del Bloque de Transporte del Sureste. 'La gente lo acepta porque llega más rápido', señaló. La construcción del anhelado Metro del sureste, con un tramo para El Cafetal y otro para El Hatillo, ha sido pospuesta. Florez reconoce que existe la necesidad de un tren ligero hacia esa zona, pero la tecnología que tendría que lidiar con las fuertes pendientes aún no se ha determinado. Sin embargo, en la Alcaldía de Baruta ven como una oportunidad la llegada de la Línea 5 al municipio.
En 2012, según el cronograma de la empresa de transporte, el subterráneo rozará el sureste con las estaciones Tamanaco y Chuao. Alejandro Rivas, jefe de la División de Transporte y Vialidad de Baruta, informó que mantienen conversaciones con el Metro para lograr que esas paradas se conviertan en terminales de integración hacia las hoyas de El Cafetal y Prados del Este, donde calculan una demanda de transporte público de 220.000 pasajeros.
'Vemos esas estaciones no sólo integradas al transporte público superfi cial, sino con estacionamientos para vehículos particulares, bicicletas y taxis'.
En este escenario, Chacaíto dejaría de concentrar los buses hacia el sureste, lo que podría ser una oportunidad para reordenar las rutas y hacerlas más funcionales, considera Florez.
En Baruta han pensado en corredores exclusivos de transporte para el bulevar de El Cafetal -pero el ancho de vía no alcanza- y para la autopista Prados del Este -pero implicaría grandes intervenciones en una vía sobre la cual no tienen competencia-.
También trabajan para mejorar la conectividad con los proyectos de terminales en Las Minas y el casco de Baruta. Pero la apuesta es por los cambios que traerá la Línea 5 del subterráneo.
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| Fecha publicada: 21/10/2008 Fuente: El Nacional Tema: transporte
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