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Uno no tiene mucha idea acerca del número de muertes violentas que se producen en Caracas a diario. Lo mismo pasa con el tema de los robos, hurtos, secuestros, etc. Lo cierto es que nos encontramos con una sociedad sometida a inmensos e incuantificables niveles de violencia, lo que nos habla de una sociedad escindida, de un proyecto colectivo problematizado, de una construcción colectiva inviable en el largo plazo. Son múltiples las historias de horror a las que se ven sometidos los venezolanos. Nos encontramos con una sociedad alienada, que no logra identificarse como colectivo y en la cual el Estado se muestra incapaz de cumplir con la función primaria de garantizarnos la seguridad y hacer posible la convivencia.
Es claro que los individuos no vivimos en un estado de 'libertad natural' en el cual nuestras apetencias y deseos se plantean de manera irrestricta. Es un hecho que en un ejercicio contractual de carácter racional decidimos despojarnos de parte de esa libertad para otorgarla al Estado en espera de que se produzca una compensación. Ésta se encuentra referida a las garantías que el Estado, como monopolizador de la coacción física legítima, proporciona a los ciudadanos sobre sus vidas y sus bienes. En términos de lo que le es esencial, el Estado es un ente ordenador, capaz de regular la vida en sociedad y garantizar la vida en común.
Bajo estas premisas se entiende, entonces, que el Estado funciona en tanto y en cuanto esa función primaria se cumple de manera eficiente.
Un Estado que no garantiza las vidas de sus asociados -su seguridadno está desempeñando de manera correcta la tarea primaria de la cual es responsable. Todo lo cual coloca en cuestionamiento el compromiso inicial que las partes han asumido y justifica la desobediencia civil como mecanismo de corrección del desvío funcional en el cual pudiera incurrir el Aparato del Estado. La acción estatal se justifica, después de todo, cuando los resultados de la misma impactan de manera positiva a la sociedad, garantizando su bienestar y su desarrollo. Si lo anterior no ocurre el Estado se constituye en un ente que puede tender a limitar el ejercicio de las libertades individuales.
¿Hay razones para esta reflexión? Sin duda que sí y de distinto tipo.
Confieso que, en mi caso, la idea queda planteada por la preocupación que el Ciudadano Presidente tiene en su propia seguridad, la cual lo lleva a rechazar el participar en la XVII Cumbre de Jefes de Estado que se realizará en El Salvador en días próximos. El Presidente ha dicho que no se le garantiza su vida.
Se trata sin duda de una preocupación vital que lo lleva a evitar exponerse al peligro que percibe que pudiera existir. El Presidente tiene la suerte de poder evitar el riesgo, ese es un privilegio que el resto del país no posee. El resto de nosotros tiene que lidiar con el peligro mortal que está implícito en nuestra violencia cotidiana. Ojalá el Presidente valorara la seguridad del país de la misma manera que la propia, qué lástima que no sea así. REGRESAR |
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