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Al grito de 'Go Venezuela! You are doing a great job!' (¡Vamos Venezuela! ¡Estás haciendo un gran trabajo!), la multitud aupaba a los corredores nacionales que participaron ayer en la 38ª edición del Maratón de Nueva York. Tricolores y pancartas con mensajes de esperanza dieron aliento a quienes, después de tres horas de camino, veían que la meta estaba a su alcance. Unos, como Ricardo Torres, pudieron reducir su marca personal en 13 segundos (3 horas 30 minutos fue su récord). Otros como Carlos Luchsinger no cumplieron el tiempo previsto, pero sí su meta de terminar la carrera.
El maratón de Nueva York es, después del de Boston, la cita deportiva más importante en Estados Unidos para corredores del mundo. Sin embargo, las historias humanas detrás de la competencia son, quizás, tan fascinantes como el hecho de ver que hombres y mujeres superdotados pueden completar un circuito de 26, 2 millas en poco más de dos minutos.
Este año, la atención de dos millones de espectadores se concentró en la inglesa Paula Radcliffe, quien defendía su título por tercera vez. No hubo sorpresas en este sentido.
Radcliffe se impuso con un tiempo de 2:23:56, seguida de la rusa Luzmila Petrova y la estadounidense Kara Goucher.
La participación femenina es una de las grandes atracciones de una carrera marcada por el éxito de figuras como la noruega Grete Waitz, quien en 1978 culminó sorprendentemente en 2:32:30, o como Tegla Loroupe, quien escribió el nombre de Kenia con acento de mujer en la historia mundial de los maratones.
En la categoría de los atletas masculinos, el brasileño Marilson Gomes dos Santos hizo lo propio con un récord de 2:08:43, cuando en las dos últimas dos millas logró derrotar al etíope Abderraham Goumri.
Daniel Rono de Kenia fue el tercero. Kurt Fearnley y Edith Hunkeler triunfaron entre los atletas minusválidos.
Muchos deportistas profesionales se han consagrado en esta carrera a lo largo de 38 años de historia. Pero, no fue hasta aquel noviembre de 1976 cuando el maratonista olímpico Frank Shorter recorrió los cinco vecindarios neoyorquinos, que Nueva York pasó al estrellato de los escenarios para deportes de alta resistencia.
Ese fue el primer año en que se corrió el circuito que aún está vigente, el cual fue diseñado por el fundador de la competencia, Fred Lebow. En la primera edición en 1970 participaron 127 corredores, sólo 55 terminaron. En 2008 se inscribieron 100 mil personas, sólo 39 mil fueron aceptadas.
Una carrera para mortales. Pero, una vez que los profesionales cruzaron la meta, una segunda ola de corredores fue el centro de las emociones más conmovedoras. El público no abandonó la calle hasta finales de la tarde, cuando los más rezagados llegaron a Central Park.
El venezolano Carlos Luchsinger estaba en ese grupo que terminó pasadas las cuatro de la tarde. Un dolor en la rodilla lo obligó a ceder en su esfuerzo de hacer el recorrido en cuatro horas. Sin embargo, él estaba feliz cuando vio a su esposa Melissa con su bebé Julián esperándolo. 'Julián corrió el maratón el año pasado', dice Melissa bromeando acerca de su pequeño de poco más de un año. 'Yo tenía tres meses de embarazoy no lo sabíamos'. Carlos cuenta otra parte de la historia: 'En medio de la carrera, la emoción era tan grande que yo le dije a Melissa que quería tener un hijo'.
Carlos es un conocedor nato de la carrera y está en excelente condición física a sus 42 años. Pero, aún así, está muy claro de qué lo motiva a correr: 'Yo no corro por el tiempo.
El objetivo es terminar, pero también la gente debe disfrutar'. Para él correr es meditar en movimiento, una actividad que le permite salir del plano material para estar en un nivel superior, en conjunción con su interior y con el cosmos. Por eso, la experiencia va más allá de la competencia deportiva.
'Recuerdo un día en que estaba a punto de renunciar porque mi nivel de azúcar estaba muy bajo, y justo pasaba por el vecindario polaco de Greenpoint. Una chica bellísima se me acercó repartiendo donas polacas de su panadería, que ofrecía a los corredores, y eso me salvó para permitirme continuar'. Su bitácora está llena de anécdotas que, como ésta, refuerzan su visión acerca de por qué Nueva York no es como otros maratones: 'La gente lo hace diferente'.
Correr por una causa.
Este 2 de noviembre, en el grupo de aficionados había cerca de 300 venezolanos, algunos residentes en la zona, pero en su mayoría viajeros que llegaron a la ciudad para la cita. Al menos, tres autobuses rentados por empresas como la operadora Oiota trasladaron a los deportistas al punto de partida en Long Island.
Rosa Vegas acompañó a su novio, Ricardo Torres, quien participó en su segundo maratón de Nueva York. Ella vino con un grupo de más de 20 venezolanos, de los cuales 15 se habían inscrito en la competencia. Ricardo logró llegar al final más rápido de lo que pensaba.
Rosa lo vio pasar como un bólido. Apenas le dio tiempo de alzar su pancarta con la bandera venezolana y gritar para auparlo. 'Iba tan rápido que parecía que iba en una moto', decían los amigos riendo.
Valentina Riera también era parte de otro nutrido grupo de nacionales que visitaban la ciudad. En esta tropa estaban maratonistas como María Elena Sozer, Daniel Franco, Franca Messina, Fernando Martínez (padre e hijo) y Santiago Ramírez. Ella esperaba con ansias a su amiga María Elena.
Tan pronto la vio, saltó al asfalto para acompañarla en la última milla.
Otra historia maravillosa de solidaridad y compañerismo es la de Ernie García, venezolano residente en New Jersey, quien corrió por primera vez el maratón. Bromea diciendo que su decisión fue producto de una crisis de mediana edad, pero lo cierto es que este año celebró sus 50 años corriendo por los cinco vecindarios. El optó por aliarse con una causa noble: la organización Achilles Internacional, que trabaja sin fines de lucro para proveer prótesis a deportistas minusválidos. Logró recaudar casi 3.000 dólares pro fondos de esta institución y con eso ganó su entrada a la competencia. Entrenó rigurosamente durante seis meses, especialmente las 18 semanas previas a la cita. Confiaba hacer cuatro horas y media y culminó con sólo diez minutos de lo previsto. Sus hijos Andrea y Daniel, así como su esposa Claudia, lo recibieron orgullosos en Central Park.
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| Fecha publicada: 03/11/2008 Fuente: El Nacional Tema: deportes
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