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Intelectuales venezolanos se mostraron en desacuerdo con la exclusión de la editorial Los Libros de El Nacional de la cuarta edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela. Sin embargo, no se sorprendieron y sólo lamentaron que entes gubernamentales usen la cultura como un vehículo de propaganda política.
Las ferias de libros son espacios para el encuentro de las personas con la literatura.
Permiten hacer un diagnóstico del mundo editorial en un país a través de quienes lo piensan -los escritores- y de quienes difunden sus ideas -las editoriales-. Son espacios de intercambio simbólico o, según el sociólogo español Manuel Castells, 'lugares que siguen posibilitando las comunidades'.
Oscar Lucién, cineasta e investigador de temas relacionados con la comunicación social, explicó que la decisión del Centro Nacional del Libro -organizador de Filven- rompe con la tradición de apertura de estos encuentros para crear ciudadanos: 'Antes la Feria del Libro era una fiesta colectiva a la que uno iba a enterarse de qué pasaba; ahora son una casa deportiva adonde hay que asistir con una franela roja'.
El escritor Antonio López Ortega reaccionó con citas de diccionarios: 'La palabra libro refiere a liber, libertad, y no hay libertad sin diversidad. Convocar a una feria que no sea diversa es un contrasentido.' No asombra. La ensayista y profesora universitaria María Fernanda Palacios aseguró que no está sorprendida.
'La medida forma parte del clima que se vive en el campo de la cultura nacional y refleja lo que pasa en el país'. Agregó que no considera la decisión como un hecho aislado: 'Forma parte del estado de las cosas que vivimos. Es grave, pero es más lamentable aún que no produzca sorpresa porque estamos acostumbrados a estas arbitrariedades'.
El escritor y editor del Fondo para la Cultura Urbana, Rafael Arráiz Lucca, condenó el hecho; sin embargo, indicó que no le extrañó. 'Filven es una feria ideologizada desde hace varios años, donde la mayoría de los libros que se presentan son aquellos con una disposición ideológica acorde con el Gobierno. Las exposiciones editoriales deben ser democráticas y agrupar todo tipo de tendencias políticas y filosóficas'.
Arráiz Lucca y Palacios señalaron que la medida evidencia el deseo del Gobierno de controlar la vida cultural del país. Lucién coincidió con sus colegas: 'No me extraña. Hoy, aquello que no esté teñido de rojo, conceptual e ideológicamente, no tiene cabida. La política de este gobierno es de exclusión'.
Medida sin precedentes. El académico Elías Pino Iturrieta considera que la excusa dada por los organizadores de Filven sobre la falta de espacio para la inclusión del tenderete de la editorial Los Libros de El Nacional no es más que un 'insólito subterfugio'.
Le pareció que se trata de una medida política: 'Los acólitos del mandón aprietan las tuercas queriendo que no los pesquen en la faena, para provocar una coerción que a lo mejor no sentimos porque viene con un aditivo de vaselina. Pero no hay vaselina que valga, por más que se esmeren en prodigarla'.
El historiador no recuerda precedentes de una medida de esta naturaleza desde 1959, antes de que Venezuela se declarara democrática. 'Entonces se debía publicar con seudónimo para evitar las iras del militarismo, o editar en la clandestinidad y leer en sigilo, en el baño o en la trastienda, ante el riesgo de dar con los huesos en la cárcel'. Añadió, enfático: 'Se me dirá que ahora la situación es distinta, pero sólo lo sería por lo que tiene de hipócrita y cobardona'.
¿Quién pierde más? El público primero pero, a largo plazo, el mismo Gobierno. Arráiz Lucca, conocedor de ferias, autores y editoriales, le entristece el hecho porque considera que la gran perjudicada es la misma exhibición: 'Una feria que no sea democrática es pobre'.
Para Lucién, la eficacia de una medida así es limitada porque no pueden ponérsele barreras a la cultura. La cultura -es decir: las artes plásticas, la literatura y la música, entre otras manifestaciones intelectuales- como categoría abstracta y real es un ente inasible y multiforme que anda por las calles sin la posibilidad de detenerse, porque lo es todo. Por ello, considera que con la medida el que más pierde termina siendo el Gobierno.
'La decisión de los organizadores de Filven confirma la presunción que tiene la gente de que tales ferias son sólo espacios para la propaganda de libros relacionados con temas de un socialismo anacrónico y no un espacio de apertura y libertad', agrega el cineasta.
López Ortega desestimó el alcance actual de la feria: 'La tradición ferial que me interesa, para no irnos más allá del continente, es la que representan hoy ferias editoriales como las de Guadalajara, Bogotá o Buenos Aires. Esto es, espacios para el reencuentro de las ideas o saberes, para el intercambio de conocimiento, para la transacción de derechos entre editoriales y para el encuentro directo entre autores y lectores. No creo que éste sea el mapa donde se quiere inscribir la hoy llamada Filven, en la que temas, autores y editoriales son escogidos con pinzas'.
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| Fecha publicada: 07/11/2008 Fuente: El Nacional Tema: cultura
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