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Con vista a las cabinas de prueba que sobrevuelan sin viajeros las casas de San Agustín, Yusmari Istúriz pudiera pedir, como algunos de sus vecinos, que el Metrocable lleve a los barrios de la parroquia un despliegue de seguridad, para contener la lluvia de balas que pone en peligro a los residentes e, incluso, ha llegado a interrumpir, momentáneamente, la construcción de la obra.
Sin embargo, la joven de 21 años de edad prefiere creer que el Metrocable se convertirá en una zona de tolerancia, como ha ocurrido con el vecino sistema de Medellín o con el funicular que atraviesa las favelas para llegar al Cristo del Corcovado, en Río de Janeiro.
'Si en Medellín pudieron lograrlo, ¿por qué nosotros no?', asegura Istúriz.
Desde el 11 de agosto, Istúriz y otros 25 jóvenes de la comunidad reciben capacitación para el trabajo como operadores de estación. Durante tres días se entrenaron en el hospital José Gregorio Hernández de Catia, para aprender a brindar primeros auxilios en caso de mal súbito, desmayos, tensión alta o baja. También conocieron cómo funciona un sistema teleférico, en prácticas en el Waraira Repano.
El viernes 14 recibirán el certificado que los acredita para que comiencen sus labores.
El trabajo será casi exacto al de los operadores del subterráneo, pero tienen bien claro que en los barrios se necesita un componente adicional: 'Hemos vivido toda la vida aquí, sabemos quién se porta bien, quién se porta mal, quién puede rayar los funiculares; esa es una ventaja para mantener la seguridad', dice Istúriz.
De igual manera, el Metro de Caracas espera que el impacto del Metrocable en San Agustín sea 'exactamente igual' al registrado en las comunas de Medellín, donde el sistema tiene alta demanda por seguridad y precio.
En La Ceiba, Marín, Hornos de Cal o La Charneca, los vecinos no tienen más opción que trepar escaleras y hacer largas caminatas para desplazarse hasta Parque Central o Parque Carabobo. Los gerentes que viajaron a Colombia para comprobar esa experiencia señalaron que el principal propósito es que los residentes de los sectores desabastecidos de transporte complementen la vigilancia del sistema.
Robert Demmer, uno de los operadores, se siente vecino y custodio del Metrocable.
Después de un censo, se postularon 180 habitantes de la parroquia y Demmer fue uno de los seleccionados; por eso abandonó su trabajo en la Corporación Metropolitana de Servicios.
'Me acerqué a la gente de Odebrecht (constructora encargada de las obras) para pedir un trabajo como soldador de la obra. Me dijeron que algo mejor vendría para mí y a través del consejo comunal entregué mis papeles', relató.
La fecha de inauguración del sistema sigue siendo una incógnita. Al parecer, el Metro de Caracas no le robará el anuncio al presidente Chávez.
La constructora, mientras, trabaja las 24 horas con cerca de 1.000 obreros porque la meta es iniciar el servicio comercial antes de que terminen la campaña electoral.
A partir del sábado, los jóvenes podrá hacer prácticas in situ: recorrerán las cinco estaciones del teleférico y subirán en las cabinas de prueba. Entre sus responsabilidades están la venta de boletos, la atención de embarque y desembarque, la extinción de incendios y la observación de las operaciones a través del panel de control. 'A diferencia del Waraira Repano, este no es un teleférico turístico. La gente va a hacer respetar su medio de transporte', expresó Demmer. REGRESAR |
| Fecha publicada: 12/11/2008 Fuente: El Nacional Tema: transporte
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