|
|
|
Hay tres maneras de acceder a la cuarta edición de Filven, instalada en el Parque Los Caobos: desde la Plaza de los Museos, el Colegio de Ingenieros o a través del estacionamiento situado en la autopista Francisco Fajardo, en dirección a la avenida Bolívar.
Este último acceso resulta especialmente revelador.
Allí se suceden los puestos de exhibición más grandes de la feria (de 32 metros cuadrados aproximadamente), correspondientes a la Alternativa Latinoamericana Bolivariana para las Américas, la Fundación Librerías del Sur y otro donde pueden conseguirse las publicaciones del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Fundación Ayacucho y Monteávila Editores. En especial, destaca el primero de ellos, donde pueden conseguirse DVD biográficos de Silvio Rodríguez y Ernesto Che Guevara, que cuestan 40 bolívares fuertes.
Por la Plaza de los Museos se entra a una seguidilla de publicaciones internacionales de orientación comunista. Un ejemplo interesante es el stand de Pathfinder Press, una editorial norteamericana de la new left (nueva izquierda) -corriente que abraza los movimientos políticos emergentes del socialismo en Estados Unidos-.
Un neozelandés que trabaja en este lugar explica cómo llegó hasta allí: 'Los organizadores convocaron a las editoriales internacionales que comulgaran con el pensamiento socialista bolivariano'. No son baratos estos libros. Por ejemplo, Poder Teamster, que cuenta las memorias de las huelgas organizadas por el sindicato homónimo en el Medio Oeste de Estados Unidos, cuesta casi 60 bolívares fuertes.
La plataforma anglosajona contrasta con otros centros de literatura masiva auspiciados por el Gobierno. Unos metros a la izquierda de Pathfinder Press, se encuentra el espacio del Sistema Nacional de Imprentas, donde un promotor reproduce libros dedicados a los movimientos de centro izquierda y otros hechos por niños con una duplicadora itinerante que más bien parece una fotocopiadora. Estos tomos cuestan 2 bolívares fuertes. Parece que el pensamiento socialista vale más o menos, según el idioma que la explique.
Desde la tercera entrada puede verse la escueta representación de editoriales independientes (Mondadori, Pomaire, Alfaguara, etc.) que son usuales en las ferias venezolanas. La convocatoria en estos espacios se ve limitada, aunque sus promotores aseguran que el fin de semana hubo buenas ventas.
Un hombre con la franela roja de su faena explica que él va a esas exhibiciones 'para ver los libros, pero que prefiere los que son gratis'; de estos hay de sobra en las instituciones auspiciadas por el Gobierno en la misma feria.
Corazón (y barriga) adentro. Reunidos en un lado de la fuente que adorna el parque, algunos promotores, metidos dentro de sus franelas surcadas por el logotipo de Filven y el Ministerio de Cultura, protestan porque aún no les dan almuerzo. Cuando uno de sus superiores (sí, aunque los llame 'compañeros' es su mandamás) les indicó que podían comer en la feria de alimentos al otro lado de la fuente, una señora protestó porque la comida allí era mala y cara. (Tiene razón: un plato de albóndigas con ensalada y arroz que ofrece allí un establecimiento auspiciado por la misión Vuelvan Caras cuesta 25 bolívares fuertes, como en las loncherías de Las Mercedes).
Mientras trataba de resolverse el problema del almuerzo (alguien, incluso, recomendó ir a McDonald's), comenzaba a organizarse el espacio dedicado a la Misión Cultura para una ponencia sobre la revolución cultural. Una compañera se quejaba de otra que se había 'escapado a ver libros', dejándola con todo el trabajo. Ante la insólita reflexión, cabe una pregunta: ¿Si uno no puede ver libros en esta feria, a qué va?
REGRESAR |
| Fecha publicada: 12/11/2008 Fuente: El Nacional Tema: cultura
|
*** noticias no disponibles *** |
|