De seguir el aumento de homicidios en nuestro país, veremos que quienes recogen los desechos en nuestras arterias viales tendrán más problemas al levantar los cadáveres producto de las muertes violentas, que los generados por la misma basura.
En los medios de comunicación ya son titulares cotidianos los homicidios, sobre todo, delitos por encargos y asesinatos con armas de alto alcance. Con esto se demuestra el grado de deshumanización que se está presentando en materia de inseguridad en Venezuela.
Para los delincuentes no existe estrato social predilecto; todos los ciudadanos están expuestos frente a los criminales. Cualquier mortal que no haya sido asaltado, sigue en la lista como eventual víctima del crimen. No existe un preaviso donde podrá ser sorprendido de manera súbita, porque quienes integran el mundo criminal, esos trasgresores de la ley, no tienen ni fecha, ni hora en el calendario para ejecutar sus fechorías.
La primera debilidad frente al crimen es la impunidad del Estado. Entre más se permita esta situación criminal, se dará mayor oportunidad de penetrar todas las esferas políticas y policiales para buscar la corrupción de éstas en aras de su mantenimiento. Con la indiferencia actual, tendremos cada vez más delitos sin castigo. El Gobierno adolece de un plan de seguridad nacional que trate de reducir las alarmantes cifras semanales, las cuales ni siquiera se producen en países con guerra declarada.
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